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¿Puede el chavismo recuperar a la “clase media”? Por: Luigino Bracci.

Artículo revelador de la situación actual de Venezuela al 23 de enero de 2017: no tiene desperdicio, análisis empírico y sincero de nuestras fallas y medidas a tomar analizadas por Luigino Bracci en su blog personal y que aquí reproducimos, “espejamos” para su difusión.


A mediados de octubre, en un conjunto residencial con varias torres ubicado en Los Ruices, un ente público que funciona allí planeaba realizar un operativo de venta de carne y pollo a precios menores que los que se ven en las carnicerías. El operativo en principio era para sus trabajadores, pero querían extenderlo a los habitantes de las torres, dado que se iba a hacer en el estacionamiento del conjunto.

Pude ver en un grupo de Whatsapp del conjunto residencial, que la mayoría de quienes viven allí estaban felices de que instituciones públicas les iban a hacer un operativo de alimentos. Y ello a pesar de que casi todos son opositores.

Sin embargo, en una de las torres viven algunos opositores extremistas, quienes se negaron rotundamente a que el operativo se realizara. Y, aún cuando la mayoría de los habitantes de las otras torres sí querían el operativo, éste tuvo que cancelarse. Estos opositores prefirieron no pelear con sus vecinos más extremistas, y se resignaron a comprar los alimentos en los supermercados y carnicerías locales, que ofrecen precios que, para algunos vecinos, son simplemente inalcanzables.

Proponer operativos que pueda ayudar a personas de zonas opositoras es algo que causa muchas controversias, tanto en el sector chavista como en el opositor. Entre los revolucionarios habrá quienes se negarán rotundamente, recordando que en zonas como Los Ruices vive gente muy extremista en contra del gobierno. Siguen frescos los recuerdos del asedio en diciembre de 2002 contra la sede de Venezolana de Televisión (el principal canal del Estado, ubicado en el corazón de esta urbanización), o los eventos ocurridos en Los Ruices durante las guarimbas de 2014, donde murieron dos de las 43 víctimas de estas protestas violentas ―un motorizado partidario del gobierno y un efectivo de la Guardia Nacional Bolivariana―, por disparos efectuados desde los edificios.

En 2014 también hubo duros enfrentamientos entre vecinos y fuerzas del orden públicos, con personas lanzando botellas y objetos contundentes desde los edificios contra cuerpos de seguridad, y éstos penetrando a los edificios y sacando arrastrados a los presuntos causantes de estos hechos. El humo de las bombas lacrimógenas afectó la salud de algunos residentes del lugar, aunque no tanto como las fogatas de las guarimbas que duraron semanas ardiendo todas las noches.

También hubo agresiones contra algunos trabajadores públicos, quienes dejaron de usar por un tiempo sus uniformes e insignias, y cambiaron sus rutas para entrar y salir de donde laboran.

Es cierto que en Los Ruices, la mayoría de sus habitantes son opositores al gobierno de Nicolás Maduro. Pero también debo decir algo: la mayoría de sus habitantes son personas pacíficas y razonables.

Los recuerdos de las semanas de enfrentamientos entre personas encapuchadas y efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana han hecho que muchos revolucionarios crean que todos los habitantes de Los Ruices son personas extremistas, violentas y poco razonables. Y sí: no voy a negar que algunos son así. Pero la mayoría, si bien pueden tener una posición política opositora, se niegan a caer en extremismos.

De hecho, la mayoría de ellos son personas trabajadoras y asalariadas, que cobran 15 y último en una empresa privada o pública, o que trabajan por su cuenta. Tal vez no lo saben, pero tienen más en común con la izquierda política, que con los grandes empresarios y dueños de los medios de producción.

¿Qué es la clase media?

Hace mucho tiempo que perdí la definición de lo que es “clase media”. Algunos simplifican el tema peligrosamente, afirmando que “clase media” son los que viven en edificios del este de Caracas y “clase baja” son las personas que viven en los barrios y sectores populares. Peor aún: hay quienes creen que la revolución bolivariana está hecha únicamente para beneficiar a los sectores populares, mientras que la clase media ―según ellos― es pudiente, adinerada y puede soportar los embates de la guerra económica, que supuestamente es causada por la propia clase media.

Pero la verdad es que el término “clase media” se ha vuelto muy confuso y difícil de definir, y más aún en estos días.

Algunos confunden “clase media” con “pequeña burguesía”, término marxista que se aplica a quienes son dueños de pequeños medios de producción, pagan la fuerza laboral de otras personas y suelen trabajar junto con ellos. Muchos pequeñoburgueses creen que pueden formar parte de la burguesía (los dueños de los grandes medios de producción) y que están casi al mismo nivel de las familias Cisneros, Mendoza, Zuloaga y tantos otros “amos del Valle” venezolanos. Pero les cuesta mucho darse cuenta de que éstos nunca los aceptarán, y que sus intereses no son los mismos.

Por otro lado, el marxismo también define al proletariado como todas las personas que tienen que arrendar su fuerza laboral para poder ganar un salario: son la clase trabajadora, la fuerza indispensable para realizar una revolución. Algunos proletarios están conscientes de la clase a la que pertenecen, mientras que otros tienden a defender los intereses de la burguesía: los marxistas los llaman “desclasados”.

Es cierto que en el este de Caracas podemos encontrar a la pequeña burguesía: dueños de consultorios y clínicas, bufetes de abogados, supermercados, empresas pequeñas y medianas, etcétera. Ganan muy bien, tienen varios automóviles y camionetas, viajan mucho al exterior, estudian en universidades privadas o en otros países, tienen casas en la playa, etc.

Pero en urbanizaciones como Los Ruices, Los Dos Caminos, Caricuao, San Agustín del Norte, La California o La Candelaria no encontramos a la pequeña burguesía. Para encontrarlos, tienes que ir a Los Palos Grandes, Sebucán, Altamira,Los Chorros, Santa Fe, ciertos sectores de El Hatillo, Los Naranjos y otras urbanizaciones mucho más pudientes.

Nueva clase media latinoamericana

¿Qué es lo que ha pasado en nuestros países? El propio presidente ecuatoriano Rafael Correa dio luces sobre esto hace un par de años. En 2014, cuando Brasil se prestaba a organizar el mundial de fútbol, miles de personas se lanzaban a las calles a protestar. Para algunos, era inaceptable que el país gastara cientos de millones de dólares en organizar un mundial de la Fifa y unos futuros Juegos Olímpicos, cuando había tantos problemas y carencias aún no resueltos.

Entrevistado el 14de junio de 2014 en el programa “DeZurda” con Diego Armando Maradona y Víctor Hugo Morales, Correa indicó que no deseaba inmiscuirse en asuntos internos, pero que en Brasil se estaba eliminando la pobreza extrema para que surja una nueva clase media, con nuevas aspiraciones.

Correa explicó que, si bien algunas de las protestas en Brasil probablemente eran justificadas, él apoyaba totalmente a Dilma Rousseff. “Probablemente los reclamos son producto del éxito del Partido de los Trabajadores, porque en Brasil ha disminuido la desigualdad impresionantemente. Ha disminuido la pobreza, ha crecido la clase media, y hay nuevas exigencias, nuevas demandas, nuevas expectativas”.

Antes se pedían más escuelas, ahora se piden mejores escuelas ―explicó Correa―. Antes se protestaba porque no había hospitales, ahora se protesta para que los hospitales sean mejores. Están despertando las exigencias de esa nueva clase media. ¡En buena hora! Pero hay que reconocer todo lo que han hecho Dilma, Lula y el Partido de los Trabajadores”. Insistió en que “decenas de millones de personas han salido de la pobreza. La clase media ha crecido impresionantemente, y te insisto: eso genera nuevas demandas y expectativas en la gente”.

En Venezuela, la posibilidad de que una familia humilde de un barrio tenga médicos cubanos a pocos metros de distancia, quienes hasta los visitan a sus casas y les hacen exámenes de medicina preventiva, es algo espectacular, que ha salvado decenas de miles de personas y ha alargado la expectativa de vida de muchísimas personas. Ni siquiera la clase media de las urbanizaciones tiene medicina preventiva.

El tener mercales y bodegas surtidas, de acceder a mejores alimentos de los que se accedían hace 15 años, con precios regulados y asequibles. La posibilidad de que Barrio Nuevo Barrio Tricolor mejore tu vivienda. O de que puedas tener acceso a una, a través de la Gran Misión Vivienda Venezuela. El que tu hijo o hija tenga una computadora Canaima desde primer grado, o que pueda estudiar en una universidad pública (algo impensable para un muchacho de barrio hace 20 años). Todo eso es prueba de que, en nuestros barrios, está creciendo una floreciente “clase media”, aunque a muchos les choque el término o éste sea inadecuado.

El crecimiento de la “clase media”, o en todo caso, de la población venezolana con título universitario, los “profesionales” (sin importar si viven en un barrio o en una urbanización), es innegable. Maduro dio pruebas de esto en su reciente Mensaje Anual, emitido el 15 de enero de 2017 desde e Tribunal Supremo de Justicia.

Allí dio cifras de cómo la cantidad de profesionales en Venezuela subió de 984.000 en 1999, a 4.919.000 en 2016: un crecimiento de 400 por ciento en 17 años. Aspira que en 2019 haya 8 millones de profesionales, a medida que los estudiantes universitarios actuales (unos 2,8 millones de personas) se gradúen. Maduro también reveló que, al comenzar la revolución, sólo el 11,2% de los trabajadores ocupados tenían nivel universitario. Esa cifra se incrementó a 37,7% en 2016.

Hoy día, en parte gracias a la revolución bolivariana, es frecuente encontrar profesionales universitarios, egresados de la Unefa, la UBV y otras casas de estudios, viviendo en barrios y sectores populares, incluyendo profesores y docentes universitarios, o personal de entes públicos con cargos de nivel medio y alto.

También es muy común hallar a proletarios y trabajadores, empleados administrativos, oficinistas, trabajadores por cuenta propia y todo tipo de profesionales que trabajan para un patrón y cobran su sueldo dos veces al mes, viviendo en edificios de Caricuao, El Paraíso, Puente Hierro, La Candelaria, La California Norte, La Urbina o la avenida Libertador.

Durante los primeros años de su gobierno, el Presidente Hugo Chávez hablaba de que su meta era la construcción de “una gran clase media”. El 15 de abril de 2003, dio las siguientes declaraciones a medios internacionales: “Aspiro que Venezuela sea un país de una gran clase media, que sea un país de clase media. Habrá un sector de clase alta, sin duda y ojalá no haya sectores marginales, pero que Venezuela sea un país de clase media profesional, trabajadora, dinámica, intelectual, estudiosa, con salud física, mental, espiritual y moral, eso es, hacia allá va la Quinta República”.

Con el tiempo, Chávez dejó de usar el término “clase media”. Sin embargo, el que una cantidad inmensa de personas de los sectores medios y populares hayan podido convertirse en profesionales gracias a una gran cantidad de nuevas universidades creadas por su gobierno es, sin duda, uno de sus mayores logros.

Pero también es innegable que, en muchos casos ha faltado la politización necesaria a estos nuevos profesionales. O se ha malentendido lo que es politización: para muchos, politizar es “hacerles entender que hay que votar por Fulanito”, y eso es falso. Politizar es explicar a las personas cómo funciona el sistema capitalista en el que vivimos, y por qué hace falta construir un mundo distinto, bajo un nuevo sistema político y económico que aún está en discusión.

Eso inevitablemente te hará entender por quien debes votar, pero lo harás con conciencia: No votarás por Fulano porque te haya dado médicos, televisores o Canaimitas, sino porque Fulano es parte de un esfuerzo colectivo para cambiar el sistema económico y político a uno nuevo, llamado “socialismo”, en cuya construcción tú también debes participar. Los médicos, televisores o Canaimitas son una consecuencia, no la causa.

Pero, para muchos funcionarios, politizar es “votar por Fulano”. Éstos han fomentado la entrega de beneficios como si fueran “regalos” o “dádivas”, sobre todo en períodos electorales. De allí que muchas personas han malentendido el mensaje, creyendo que un “buen gobierno” es aquel que puede darles televisores, celulares, cupos de Internet y productos de consumo.

¿Qué pasará cuando no sea posible para el gobierno entregarles todas estas dádivas? Creo que ya lo vivimos el 6 de diciembre de 2015.

Por otro lado, también deducimos de las palabras de Correa que un proceso revolucionario no puede estancarse. La señora que hoy va a un Barrio Adentro para verse una dolencia con un médico integral, mañana probablemente va a necesitar un médico especialista, que a su vez necesitará equipos sofisticados para examinarla mejor, y determinadas medicinas para tratar su dolencia. Los niños que hoy tienen una Canaimita, mañana van a necesitar una laptop de mejor calidad cuando ingresen a la universidad. Los contenidos con los que inició el programa Canaima Educativo son hermosos y valiosos, pero a medida que pasen los años hay que actualizarlos, hacerlos más interactivos, de mejor calidad, tal y como hace el capitalismo con sus propios contenidos ideologizantes.

Estancarnos creyendo que ya cumplimos la misión, es decretar la muerte de todo proceso revolucionario.

¿Cómo se dividen las ciudades?

Como comentamos antes, muchos políticos y dirigentes chavistas caen en una simplificación dañina: alegan que, en nuestras ciudades, los barrios y sectores populares son ocupados por el proletariado y la masa obrera, mientras que en los edificios y sectores de clase media viven los profesionales y la pequeña burguesía. Pero en la Caracas actual, las cosas no son tan sencillas.

Uno puede preguntarse:

  • Una persona que viva en el barrio 5 de Julio de Petare, pero sea un comerciante o un profesional y gane el equivalente a diez sueldos mínimos mensuales, ¿es clase baja o clase media?
  • Una pareja joven formada por dos técnicos o licenciados, que viva alquilada en un edificio en La Candelaria y trabaje para empresas privadas ganando en conjunto cuatro o cinco salarios mínimos, ¿es clase media? Y si, ganando eso mismo, vivieran en un sector popular, ¿también los seguiríamos considerando clase media?
  • Una joven estudiante universitaria que trabaje como secretaria o transcriptora en una oficina y viva alquilada en una habitación en Los Dos Caminos, ¿a qué clase social pertenece? ¿Y si viviera en una habitación en Antímano?
  • ¿Y una señora que viva en un apartamento en La Candelaria, pero apenas gane su pensión del IVSS y venda artesanías para aumentar sus ingresos?
  • No olvidemos además la existencia de numerosos urbanismos de la Gran Misión Vivienda Venezuela, que fueron construidos en sitios donde antes sólo existían edificios residenciales de la clase media, y en los cuales viven personas que habitaban sectores populares, pero perdieron sus hogares en las lluvias de 2010.

Es cierto que determinadas urbanizaciones del este y sureste de Caracas, como Los Palos Grandes o Santa Fe, son habitadas principalmente por personas de la pequeña burguesía.

Pero otras urbanizaciones son diferentes. Los Ruices, por ejemplo, está formada por unos cincuenta edificios de 8 a 20 pisos. Allí viven familias que son dueñas de sus apartamentos, pero muchas otras son inquilinos. Hay edificios completos cuyos habitantes viven alquilados y tienen su situación en tribunales, sus dueños han dejado de mantener las instalaciones y viven en una edificación de casi 50 años cayéndose a pedazos, a menudo sin ascensores, con tuberías podridas, paredes rotas, bajantes de basura dañados y otros problemas graves.

También hay muchos adultos mayores que viven de su pensión del Seguro Social, que el gobierno de Hugo Chávez elevó al mismo nivel del salario mínimo.

En estas urbanizaciones es usual encontrar los típicos penthouses donde la dueña es una señora de la tercera edad, quien tiene alquiladas 3 ó 4 habitaciones a jóvenes estudiantes universitarios o profesionales: generalmente muchachas o muchachos que vienen del interior, estudian en alguna universidad en Caracas y trabajan en alguna empresa. Son personas que también esperan algún día poder vivir en algún lugar propio, pero simplemente les es imposible por las razones antes explicadas.

Otras familias están formadas por profesionales y trabajadores asalariados, que han visto empeorar su situación en los últimos años de guerra económica. Han tenido que conseguir trabajos extras para mejorar sus ingresos, han tenido que hacer sacrificios en materia de entretenimiento, dejando de hacer viajes, ir a restaurantes, locales nocturnos o incluso al cine por los altos incrementos de estos servicios. Más de una familia ha tenido que dejar su vehículo varado por meses en el estacionamiento, ante la imposibilidad de adquirir determinados repuestos que se han vuelto en extremo costosos o imposibles de conseguir. Otros han tenido que dejar sus estudios en universidades privadas.

Tal vez no han pasado hambre ni han dejado de comer tres veces al día, pero lo cierto es que todo ser humano aspira que su situación económica mejore y vaya en ascenso. Muchos aspiran “volverse ricos” influidos por la propaganda del capitalismo, pero otros sólo esperan cumplir sueños de viajar y conocer algún lugar, de poder comprarse un carro, una vivienda más grande, de poder darle educación y algunos bienes materiales a sus hijos. Nada de eso es ilegítimo ni “pequeñoburgués”, ni debería ser objeto de burla, en mi opinión.

Contrariamente, su situación económica ha empeorado notablemente. Y yo percibo que, cuando se trata de las necesidades de estos sectores de clase media, desde el gobierno respondemos más con burlas que con respuestas, explicaciones y argumentos legítimos ―que sí los hay―.

Algunos de ellos han tenido que pasar por la desafortunada experiencia de tener un familiar gravemente enfermo. Han visto como los costos de las clínicas privadas que antes usaban con cierta facilidad, hoy se han vuelto impagables. Han tenido que sentir lo que es ser echados de una clínica por quedarte sin seguro en un par de días. Empresas de salud prepagada se han vuelto mucho más costosas y cobran muchos servicios que antes venían incluidos con la tarifa regular. Ciertas medicinas son casi imposibles de conseguir.

Esta clase media acostumbrada a establecimientos de salud privados ha tenido que volcarse hacia el sistema público de salud, y si bien no se puede negar que algunos hospitales y Centros de Diagnóstico están en buen estado, otros están terriblemente mal. No se entiende la asimetría tan grande que hay entre el hospital Domingo Luciani y el de El Algodonal, por mencionar dos polos opuestos en nuestro sistema de salud. O entre el excelente CDI Salvador Allende, y otros CDI que no están tan bien dotados.

Irse del país… ¿sí o no?

En estas urbanizaciones tú puedes encontrar apartamentos de tres habitaciones y dos baños, donde viven hacinadas 8 o 9 personas: el padre y la madre que compraron el apartamento hace 40 años, tuvieron dos o tres hijos o hijas, éstos crecieron, hoy tienen 25 ó 30 años, son profesionales universitarios, pero nunca pudieron lograr comprarse un apartamento propio, y mucho menos en esta época.

Y entonces, cada hijo o hija consiguió su pareja, pero todos viven en el mismo apartamento. Incluso tienen sus bebés y viven hacinados, teniendo que compartir uno o dos baños, teniendo los roces y peleas típicas que suelen haber en estos ambientes, con yernos y nueras que no se caen bien, con bebés llorando a toda hora.

Y sí: viven frustrados, porque estas nuevas familias proletarias hoy no pueden comprar apartamento, ni pueden alquilar uno (el mercado privado de construcción de viviendas no hace viviendas para ellos sino para los más ricos, y la Gran Misión Vivienda Venezuela se ha centrado principalmente en personas de los sectores populares).

Caray, reconozcámoslo: algunas leyes aprobadas en revolución beneficiaron enormemente a quienes son inquilinos, impidiendo los crueles desahucios que vemos en otros países. Pero también causaron que muchas familias que tienen dos o más apartamentos se nieguen a alquilar uno, pues temen que sea imposible recuperarlo cuando lo necesiten. Otras familias se excusan en estas leyes para alquilar únicamente en dólares, esperando que algún “ejecutivo gringo” venga al país del que ellos tanto denigran, y les pague una renta equivalente a la que se cobra por un apartamento en Manhattan.

Esta posición por parte de algunas personas de negarse a alquilar sus apartamentos, perjudica terriblemente a parejas de profesionales jóvenes que quieren independizarse, pero no tienen cómo comprar un apartamento en el mercado capitalista venezolano.

Si un joven ha estudiado lo que ha querido, se ha graduado, tiene un buen trabajo pero no logra hacer realidad sueños tan elementales como el de una vivienda digna (así sea alquilada), y a eso le sumamos problemas graves como la inseguridad, la delincuencia y la guerra económica, entenderemos por qué muchos de estos jóvenes consideran irse del país.

En un mundo donde hasta las comiquitas y series de televisión califican de “losers” (perdedores) a quienes cumplen treinta años y aún viven con sus padres, estos jóvenes se dieron cuenta de que, en Caracas, ser profesional no basta para independizarse.

Me molesta los analistas del chavismo que generalizan y atribuyen el irse del país a una supuesta “falta de amor a la Patria” o a que algunos de estos jóvenes de clase media son descendientes de europeos y, por lo tanto, “no quieren al país” o son una “generación sin identificación”. Los descalificamos como “apátridas”, nos burlamos de ellos como “los me iría demasiado”, pero no hacemos nada por conversar con ellos entender cuáles son sus problemas e intentar resolverlos.

Terminamos considerando que estos jóvenes están genéticamente predestinados a ser opositores, y ya ni hacemos el esfuerzo de atraerlos, sino que denigramos de ellos de una vez. “Que se vayan, no los necesitamos” o “¡Mejor! Así ya no votan” son frases que suelen escucharse mucho desde el chavismo sobre estos jóvenes que se van.

Sueños en común

¿La revolución bolivariana tiene que tomar en cuenta a estos sectores de clase media proletaria? Definitivamente sí. Son trabajadores. Son profesionales jóvenes, justamente los que necesitamos para industrializar el país y convertirlo en una nación soberana. Una porción importante de ellos se formaron en casas de estudio públicas, tales como la UCV, la UBV o la Unefa, con dinero de todas y todos los venezolanos. Son un porcentaje grande de la población, que puede decidir una elección ―y ya lo han hecho―.

Hay quienes los descalifican por no defender los intereses de su clase social, sino los de los sectores más adinerados. Los llaman “desclasados” por esta razón y los dan por perdidos, prácticamente regalándoselos a la derecha política y empresarial.

Pero nuestra labor como revolucionarios es tratar de convencer a quienes son como nosotros ―incluso a quienes nos apoyaron en el pasado, pero luego se decepcionaron― de que nuestro proyecto político es el correcto.

Después de todo, cuando hablas con una persona de clase media y le preguntas cómo es la Venezuela del futuro con la que él o ella sueña, es frecuente que tengamos mucho en común. Todos queremos acabar con la pobreza. Todos hablamos de industrializar el país, produciendo nuestros propios recursos, reduciendo las importaciones. Todos hablamos del sinnúmero de oportunidades que existen en Venezuela.

Algunos de ellos conocen los peligros que los tratados de libre comercio tienen contra los pequeños y medianos productores nacionales (eliminación de subsidios a productores locales, exenciones de aranceles a transnacionales, etc.), y saben que son los gobiernos de izquierda los que generan políticas que los defienden a ellos.

Tal vez haya diferencias en cómo llegar a nuestro objetivo (por ejemplo: en la propiedad de los medios de producción), pero la verdad es que estamos mejor que antes. En otros momentos de nuestra historia, hubiéramos tenido que tratar con una clase media racista y xenófoba, partidaria de enviar tractores para aplastar los barrios, de expulsar a todos los colombianos y peruanos, de darle todo el poder a un militar para que aplique “mano dura”.

Esas visiones racistas cada vez se escuchan menos, en parte porque muchos de quienes viven en las urbanizaciones de clase media tienen parientes y amigos en los barrios. O provienen de allí. O se han familiarizado con su situación.

No sólo eso: muchas de esas personas de clase media y profesional nos apoyaban hace unos años atrás. No olvidemos, por ejemplo, que el municipio Sucre del estado Miranda por muchos años fue territorio chavista, no sólo por los habitantes de Petare, sino porque mucha gente de clase media sentía simpatías por el chavismo.

¿Qué pasó con ellos? ¿Será que las razones por las que alguien simpatiza con el chavismo no son las mismas en todos los casos?

El chavismo: con o sin ideología

Hay muchas formas de clasificar a los chavistas, pero, para propósitos de este artículo, yo quiero diferenciarlos en dos grupos:

  • Aquellos que tienen formación ideológica de izquierda clara, generalmente heredada de sus padres o formada por profesores, familiares y amigos. Tienen conciencia de clase y sueñan con un mundo distinto, que sólo puede existir si se instala una auténtica revolución socialista: un cambio estructural en la propiedad de los medios de producción, logrando que una población concientizada, que piensan en el colectivo antes que en lo individual, sea capaz de gestionar los recursos de forma directa para el beneficio de ellos mismos y de su país, y no para el de un pequeño grupo de particulares. Apoyan las luchas reivindicativas de movimientos sociales, ecologistas, indígenas y campesinos, así como las luchas por la igualdad racial y de género.
  • Aquellos que son (o eran) chavistas por razones emocionales, por admiración a la personalidad del Comandante Hugo Chávez. Pero su esperanza era que el chavismo logre que todos podamos “echar pa’lante”, resolver todos los problemas del país y mejorar nuestro nivel de vida. Creen que el gobierno simplemente es una especie de negociador, intermediario o gestor entre los diferentes actores (trabajadores, empresarios, agricultores, etc.) y que su labor es que todos podamos ponernos de acuerdo para echar pa’lante. Eso de estudiar el socialismo y las diferentes corrientes políticas y económicas no es algo que les llame mucho la atención, lo que no debe ser motivo para descalificarlos.

Las personas con formación de izquierda saben que los países desarrollados e industrializados, gobernados por una serie de grandes empresas y corporaciones, no van a dejar quieto a un país como Venezuela, lleno hasta los teque-teques de las materias primas que ellos necesitan. No aceptarán que nuestro país soberanamente decida qué tipo de nación queremos ser y cómo manejar nuestros recursos. Todos en la izquierda sabemos que este tipo de decisiones iban a tener un costo muy alto, que es el que estamos viviendo hoy.

Lamentablemente, esta izquierda ideologizada tiende a ser, históricamente, menos del 10 por ciento de la población.

Quienes han sido chavistas por motivos emocionales son mayoría. A la mayoría de las personas no les gusta estar viendo ni participando en largos debates políticos, ni estar saliendo a marchar por horas y horas, ni mucho menos ver una cadena de 4 horas para entender por qué no pueden conseguir arroz al precio de siempre. Muchas reuniones en las juntas de condominios o consejos comunales terminan en gritos, discusiones y enemistades, y la mayoría de las personas preferirían estar tomando una cervecita o un coctel, viendo un partido de beisbol o una película, a estarse cayendo a gritos con un vecino que tiene una forma de pensar distinta.

Eso no significa que estemos equivocados. Por supuesto que la organización colectiva y popular es el camino que tenemos que transitar. Sólo que no es un camino fácil ni del agrado de todos, pero aún así necesitamos los votos de todas las personas ―incluyendo los escépticos, los cómodos y los decepcionados― para poder triunfar en una elección.

En Venezuela, muy pocos se definen como “de derecha”

Nuestra población también tiene una característica que no se encuentra en otros países: prácticamente nadie se autodefine como de derecha, y quienes sí lo son se niegan a admitirlo públicamente. A nadie le gusta que lo señalen como tal; lo consideran insultante y ofensivo.

Todo lo contrario ocurre en Estados Unidos, Israel y diferentes países de Europa: muchísimas personas admiten con orgullo ser de derecha (caso específico de los republicanos estadounidenses y de la derecha europea). Defienden que la mejor forma de que una nación avance es que las grandes corporaciones y empresas privadas crezcan y tengan más poder, lo que supuestamente garantiza empleo y desarrollo para sus ciudadanos. Aseguran que el Estado debe ser lo más pequeño posible, y con poca capacidad de intervenir o fijar límites a las empresas. Que lo privado siempre es mejor que lo público, por lo que es vital privatizar todo lo que sea posible. Que a los inmigrantes (en particular a aquellos que consideran “inferiores” o “una carga”) se les debe dificultar o imposibilitar la entrada al país. Están en contra de los subsidios y ayudas sociales contra los más pobres y desfavorecidos, que a menudo consideran que son flojos, vagos o que no trabajan. Apoyan la “mano dura” como forma de “luchar contra la pobreza”. Odian el comunismo y el socialismo, aunque muchos son incapaces de definirlo con exactitud.

Por algo es que Donald Trump acaba de ganar las elecciones en Estados Unidos, ¿no?

En el pueblo venezolano, bien sea en sectores populares o en urbanizaciones, muy pocos se definen abiertamente como de derecha. Casi todos aseguran estar con los más débiles y desafortunados. Casi todos aseguran ser ecologistas y luchar por el bienestar del planeta. En Venezuela casi no existen patrullas de civiles que arremetan contra los extranjeros e inmigrantes ilegales, como sí existen en Texas y otros estados norteamericanos. No vemos gente en los partidos de fútbol coreando insultos racistas contra jugadores inmigrantes o afrodescendientes, como ocurre en muchos países europeos. No es que no exista racismo o xenofobia: sí los hay, pero no a los niveles de los paises “desarrollados”.

Muchos venezolanos se indignan al ver personas que abren las bolsas de basura de su urbanización buscando desechos, pero hasta donde sé, nadie se ha atrevido a formar patrullas o grupos que los saquen o desalojen, como sí ocurre en sectores de Estados Unidos o España.

Como consecuencia, en nuestro país no existe ningún partido político importante que se proclame abiertamente como de derecha, aún cuando su ideología claramente lo es y se reúnan frecuentemente con políticos del Partido Popular español o el Partido Republicano estadounidense.

Dirigentes de Un Nuevo Tiempo y Voluntad Popular en reuniones de la Internacional

Dirigentes de Un Nuevo Tiempo y Voluntad Popular en reuniones de la Internacional “Socialista”.

María Corina Machado, una de las dirigentes de derecha más conocidas del país, miembro de la antigua familia de empresarios Machado Zuloaga, jamás ha admitido ser de derecha. El “capitalismo popular”es su esfuerzo más conocido de dar a conocer su ideología. Voluntad Popular, partido del dirigente opositor Leopoldo López ―también proveniente de familias de grandes empresarios, como los Mendoza― se autoproclama como de “centro-izquierda” e incluso está inscrito en la Internacional Socialista, aún cuando su comportamiento e ideología es claramente de derecha. Y la Internacional Socialista ya no es, precisamente, de izquierda.

Lo mismo puede decirse de Primero Justicia, partido del que surgieron la mayoría de los dirigentes de VP y que asegura ser de ideología “progresista” y “centro-humanista”.

Un Nuevo Tiempo (el partido del excandidato presidencial Manuel Rosales) y Acción Democrática (partido del expresidente Carlos Andrés Pérez, que aplicó políticas neoliberales en su segundo gobierno) se definen como social-demócratas y populares, aún cuando intentaron echar atrás numerosos logros sociales del gobierno bolivariano en 2016.

Ni siquiera los grandes empresarios venezolanos reconocen ser de derecha. Lorenzo Mendoza, el propietario de las Empresas Polar de 51 años de edad, siempre proyecta una imagen de empresario juvenil, supuesto amigo de sus trabajadores, que apoya la innovación, la modernidad y la inversión social a través de fundaciones.

Sus comerciales de televisión buscan enamorar a las clases populares, señalándose como los creadores de la “Harina PAN” o harina de maíz precocida, uno de los alimentos más tradicionales de la clase trabajadora venezolana.

Nuestro pueblo no se identifica con la derecha política. Es más: millones de estas personas hace muchos años se definían como chavistas o simpatizaban con el chavismo. Hoy, para muchas de ellas, ser chavista es una vergüenza. “¿Chavista? ¿Yo?”, dicen con desdén algunos que hasta hace pocos años habían votado por Chávez o sus partidarios.

Algunos se identifican con ciertos líderes de la oposición, en particular con aquellos que transmiten una imagen de modernidad, juventud, progreso y superación. Pero muchas veces también se cansan de ellos y de su palabrería, y terminan desvinculándose completamente de la política, buscando escapar a través del entretenimiento. Pasan horas viendo banalidades en Youtube o viendo películas, programas de televisión y otros productos de la cada vez más sofisticada industria cultural estadounidense.

Entonces, ¿a qué se debe que un país como el nuestro, formado por millones de personas que detestan ser señaladas como de derecha, que se identifican con los débiles y oprimidos, que claman por el fin de la pobreza y la desigualdad, de pronto no se sienten identificadas con el proyecto reivindicativo de Hugo Chávez y Nicolás Maduro? ¿Qué pasó con estos chavistas? ¿Por qué ya no se identifican más con el proceso revolucionario? ¿Es su culpa, o es culpa nuestra? ¿Qué tenemos que hacer para recuperarlos?

Soledad y desamparo

Imagínelo usted mismo: llega de su trabajo desanimado, porque su salario no le alcanza y tiene que restringirse a usted mismo y a su familia determinados placeres de los que disfrutaba en el pasado. Tiene que trabajar horas extras, o hacer trabajitos adicionales. Está cansado, desanimado porque usted trabaja mucho más que hace unos años, pero su calidad de vida disminuye.

Arroz Mary a Bs. 5.980

Arroz Mary a Bs. 5.980

Ve que los abastos y panaderías locales aumentan los precios bárbaramente cada semana, le fuerzan a hacer largas colas por los productos, o simplemente sus estantes están vacíos porque, en la hora en que llegaban productos regulados, usted estaba en su trabajo. No tiene más opción sino comprar un kilo de arroz a Bs. 6.500, comprar algo de mortadela a Bs. 9 mil el kilo o pagar Bs. 5 mil por medio kilo de carne. Cuando llega el pan de sandwich, tiene que comprar uno de medio kilo a casi Bs. 3 mil, que generalmente no dura ni dos días.

Le dicen a usted que su zona no califica para recibir CLAP porque “no es una zona priorizada”. Ve que el Sundde (Superintendencia de Derechos Socioeconómicos) no pone mano dura a estos locales comerciales, y ni se aparece en la zona.

Sintonizas Venezolana de Televisión buscando explicaciones, consuelo, esperanzas de que se tomarán medidas para que todo mejore. Encuentras:

  • Políticos sonrientes, emitiendo frases propagandísticas, asegurando que ahora sí van por la batalla, la victoria, que son indestructibles, que la oposición nunca ganará. En una desvinculación total con los problemas que pueda estar pasando el televidente.
    Por favor, pónganse en el lugar de una persona que estuvo todo el día haciendo colas, cansada, estresada, molesta porque no encontró lo que buscaba, porque tuvo que comprar productos a precios muy por encima de los que se anuncia, y de pronto ve a uno de los políticos que debería estar ayudando a resolver sus problemas, rimbombante en VTV hablando de batallas, triunfos, victorias, patria, unidad, lealtad, pelucones, viejitos coñioemadres, etcétera. ¿Se entiende lo que trato de decir? Terminan molestándose con esa persona, porque pareciera que no tiene ningún interés en resolver los problemas que vivimos todos.
  • Otros políticos parecieran creer que su profesión consiste en decir frases más retóricas e hirientes que las del otro bando: quién puede “callar” a Ramos Allup o a Julio Borges, quién puede desmentir a Freddy Guevara, quién grita más duro en una sesión de la Asamblea Nacional. Los insultos de Ramos Allup son usados como excusa por los políticos chavistas, quienes emiten insultos aún más hirientes, en una guerra de peyorativos sin fin.

Camarada Maduro: Yo lo admiro sobremanera, pero no está bien que usted se haya dirigido a Ramos Allup llamándolo “viejito coñioemadre” en cadena nacional. Si Ramos Allup lo insulta a usted, eso es problema de él. Usted es el Presidente del país, el líder de nosotros los chavistas y no tiene que rebajarse de esa manera. Creo que podemos decir muchas verdades sobre Ramos Allup sin caer en esos extremos.

Camaradas diputados chavistas: no está bien que la Asamblea Nacional se haya convertido en un recinto de niños malcriados. Que cada vez que un orador habla en tribuna, sea cual sea su partido, todos los del partido contrario gritan, trolean, se burlan, interrumpen, echan chistes y corean frases como si fuera la Escuelita de El Chavo del Ocho. Si los diputados opositores lo hacen, eso es problema de ellos. Ustedes no tienen que rebajarse de la misma manera.

Estas son actitudes que los que estamos acá abajo no queremos imitar. Seamos chavistas u opositores, todos tenemos parientes, amigos y compañeros de trabajo en el otro bando político y no queremos imitar a los politiqueros, insultándonos entre familiares y amigos de la misma manera.

  • Hay una homogeneidad total en el discurso de nuestros dirigentes. ¡Todos hablan igual! A pesar del origen tan diverso en los líderes del chavismo (hay militares, intelectuales, médicos, campesinos, deportistas, poetas, periodistas, exguerrilleros, cineastas, ingenieros, científicos, arquitectos, músicos y una gran lista de etcéteras, de todas las edades y géneros), pareciera que, al recibir un cargo en el Estado y convertirse en voceros del proceso bolivariano, cuando les ponen enfrente un micrófono, algo se activa en ellos y causa que todos hablen exactamente igual: de forma panfletaria, rimbombante, a veces ególatra, usando adjetivos peyorativos para referirse a la oposición, usando frases prefabricadas y excesivamente repetidas, con el puño derecho cerrado, moviéndolo de arriba a abajo al compás de sus palabras.

    Incluso cuando gente joven y nueva ingresa en cargos y vocerías, al poco tiempo terminan hablando igual que los más viejos.

    En nada se parecen al discurso de Hugo Chávez, que en ocasiones era duro y severo, en ocasiones era sincero y comprensivo. Muchas veces él mismo admitía sus propias fallas o las de su equipo, se autocriticaba, emitía regaños y le exigía más a su equipo. Se disculpaba cuando tenía que hacerlo. Pasaba horas leyendo y recomendando una gran cantidad de libros, citaba a pensadores e intelectuales, recordaba anécdotas y experiencias de ellos. Hoy, es muy raro ver a algún líder del chavismo haciendo algo parecido.

    Peor aún: en los medios públicos mostramos casi siempre a las mismas figuras del chavismo, repitiendo siempre el mismo discurso y tocando los mismos temas, usando la misma estética de la entrevista en vivo, sin posproducción alguna.

  • En vez de resolver los problemas de la gente, los usamos para hacer propaganda política: Lo vimos durante el proceso de censo del Carnet de la Patria el pasado 20 de enero. Mientras en la plaza Bolívar miles de personas hacían horas de cola bajo el sol para sacarse el carnet, molestos, quejándose de problemas de organización, lentitud, gente que se coleaba y otras trabas, algunos políticos nuestros salían en las pantallas de VTV con una inmensa sonrisa, celebrando las colas,diciendo que la gran aglomeración de gente era prueba del gran apoyo al proceso revolucionario.

    En serio, ¿podemos considerar exitoso tener personas pasando por 5 ó 6 horas de cola bajo el sol? ¿No es eso irrespetuoso para con nuestros militantes? Exitoso sería que pasaran apenas 15 minutos desde que alguien llega al censo hasta que se marcha con su carnet. Eso sí demostraría eficiencia de nuestra parte y respeto hacia la población. Lo contrario es querer utilizar su sufrimiento para intentar obtener ganancia política, mostrando en televisión situaciones que no son reales.

  • Los errores de los nuestros tienen una respuesta unánime: silencio absoluto. Cuando hay acusaciones con pruebas y evidencias sobre algún error grave hecho por algún funcionario político del chavismo, el resto de nuestros líderes políticos responden con silencio total. Ni siquiera hay un “estamos en contra de cualquier acto de corrupción, venga de donde venga”, o “esperemos este asunto se investigue, porque tiene molestos a muchos venezolanos”. Pero no. Pareciera que todos tienen que defenderse y apoyarse, así sea tácitamente, sin importar lo que pase. Lo que termina perjudicando a todo el chavismo cuando se descubre que el acusado sí era culpable.
  • En los medios del Estado ocurre lo mismo: silencio. No hay ni siquiera un intento de entrevistar a acusadores y acusados, algo que sería normal en el periodismo de otros países para ofrecer a los lectores un panorama completo del problema.

    Es aún peor cuando un movimiento social o político afín al chavismo es el que inicia las denuncias, pues frecuentemente es defenestrado, excluido o descalificado como indisciplinado, divisionista, quinta columna, agente imperialista o “que juega para el enemigo”.

  • Se emiten promesas de que “ahora sí” vamos a mejorar las cosas, promesas que pocas veces se cumplen. Al no cumplirse, crean más frustración y desesperanza entre la gente. Casos recientes: las promesas de que habría harina de trigo, pan y azúcar en completa normalidad durante fin de año, o que no faltaría ingrediente alguno para las hallacas para nadie, o que la agricultura urbana supliría de ingredientes para millones de hallacas para todos los venezolanos, o de que habría perniles para millones de familias a un precio justo.
  • Cuando estas promesas no se cumplen, raras veces aparece alguien explicando detalladamente qué fue lo que pasó. A veces, uno siente que los políticos aparecen ya no para dar explicaciones, sino para seguir emitiendo frases rimbombantes y prometiendo futuras victorias, como ocurrió recientemente con el tema de los billetes de 100 y el nuevo papel moneda.
  • Algunos políticos nuestros son tan irresponsables, que culpan de forma automática al imperialismo, a la CIA y a “los saboteadores de la oposición apátrida, burguesa, terrorista y paramilitar” de cosas que hayan podido salir mal, sin realizar una investigación mínima ni presentar pruebas. Y aunque el Imperialismo, grupos terroristas de derecha y bancas paramilitares sí están en nuestro país haciendo de las suyas, el que hagamos acusaciones a la ligera sin ofrecer evidencias, descartando de plano nuestra propia incompetencia o ineficiencia, que también influye notablemente en los problemas que vivimos, es algo que nos resta credibilidad.

    Peor aún: le damos credibilidad al Imperialismo, pues mucha gente que se cansa del discurso del “Imperialismo culpable de todo”, termina creyendo que tal vez EL GOBIERNO de los Estados Unidos no sea tan malo, y que tal vez ellos merecen una oportunidad. Un error terrible.

  • Los ves una semana diciendo que los empresarios son golpistas, son malvados, son terribles. La semana siguiente los ves reuniéndose con esos mismos empresarios, diciendo que ahora sí van a afinar mecanismos para aumentar la producción. Y el ciclo se repite infinitamente. Lo único que logramos, es darle credibilidad a estos empresarios y sus defensores.
  • Ves denuncias de dólares desaparecidos, de empresarios que recibían divisas preferenciales pero importaban piedras. Que son ratificadas incluso por funcionarios de terceros países, como Panamá. Pero son muy pocas las personas presas. No te dan ni siquiera un nombre, más allá de “Lorenzo Mendoza”. Pero la semana siguiente se reúnen con él o sus enviados, se estrechan las manos, y nada de que nos llega una Harina PAN a precios decentes.

Como consecuencia, nuestros políticos, voceros, periodistas y medios de comunicación perdemos credibilidad y audiencia hasta llegar al punto en que nadie cree en nosotros o simple y llanamente nadie nos escucha ni nos ve.

Sintonizas Globovisión y encuentra todo lo contrario:

  • Políticos opositores enojados, amargados, gritones, denunciando todo tipo de desmanes, haciendo promesas de que “ahora sí” sacarán a Maduro y que, luego de sacarlo, todo mejorará mágicamente.
  • Analistas catastróficos que, con muy contadas excepciones, sólo prometen que el país empeorará más y más.
  • Y luego ves a opositores y chavistas en la Sesión de la Asamblea Nacional diciéndose todo tipo de insultos, gritos y groserías, comportándose en un debate en la Asamblea Nacional sobre desacatos y cosas similares, como si estuvieran en un salón de tercer grado. Ah, y pensar que el país les paga un sueldo para eso.

¿Comprendemos entonces lo que puede sentir un trabajador que vive en una de estas zonas “no priorizadas” donde no llegan ayudas ni CLAP? Se sienten solos. Desamparados. Defraudados.

En la práctica, estamos dejándole de hablar a millones de personas de clase media, profesionales, trabajadores. Estamos entregándoselos a la oposición, quienes no pierden oportunidad alguna para bombardearlos con su discurso, y llevarnos a posiciones irreconciliables.

Discurso desgastado

Un problema muy grave que tenemos, es que en el chavismo hemos perdido la capacidad de hablarle a estos sectores de clase media popular, y a aquellos que han sido chavistas por razones emocionales antes que ideológicas. Y esto es gravísimo. Nosotros somos un país que realiza elecciones prácticamente todos los años. Si queremos seguir ganando elecciones, es importantísimo hacer entender a toda la población (tanto aquellos que ven la política desde un punto de vista emocional, como a aquellos que son más ideológicos) qué está ocurriendo en el país, qué ocurrirá en el futuro, y qué se necesita para que todos podamos salir bien parados de esta serie de eventos que estamos viviendo.

El principal problema que quiero denotar aquí, es que hemos perdido la capacidad de hablarle a estas personas de la llamada “clase media”, y estamos desperdiciando la oportunidad de que ellos nos escuchen. Por diferentes razones, estas personas de clase media (independientemente de si viven en un barrio o en una urbanización) han dejado de identificarse con nuestro discurso, con nuestro accionar, con la imagen que nuestros líderes políticos proyectan. Hay síntomas de cansancio y de estar hartas de politiquería, y de que no se busquen soluciones a sus problemas.

En un mundo donde la comunicación está altamente segmentada, con cientos de canales de televisión y millones de sitios web específicos para diferentes audiencias de acuerdo a sus gustos, edad, género, formación, y patrones culturales, nosotros hemos cometido el gravísimo error de unificar nuestro discurso, hablándole de una única forma a millones de personas con una gigantesca diversidad de gustos y culturas.

Nuestro discurso se ha vuelto monótono, cansón, repetitivo, poco sincero y nada explicativo para una parte de la población. A menudo usamos una y otra vez palabras y frases que tienen un alto nivel de rechazo entre estos sectores que tenemos que convencer.

“El Imperio”, “la guerra económica”, “la asamblea adeco-burguesa”, “los pelucones”, “la ultraderecha amarilla”, “ese viejito coñioemadre” o el separarnos y dividirnos como buenos y malos: nosotros, “los hijos de Bolívar y Chávez” en contraposición a ellos, “los apátridas traidores”. Esta guerra de insultos y peyorativos son frases que, en efecto, podrían ser efectivas para moralizar al chavismo más radical (los convencidos) y comunicarles nuestras ideas. Pero en cambio, tienen un duro rechazo por parte de esos sectores de “clase media popular” que tenemos que reconquistar.

De hecho, los medios de derecha lo saben: se encargan de hacer citas semitextuales afincándose en estas frases, para incrementar el rechazo por parte de sus lectores hacia nuestros voceros. Cuando diputados nuestros usan palabras como “cabrones” o “coñioemadradas” en sus discursos, son los medios de derecha quienes más reproducen estas expresiones, seguros del impacto negativo que tendrán en una parte importantísima de nuestra población.

Por supuesto que es lamentable que la clase media popular rechace las políticas de un gobierno de izquierda basados en las palabras y expresiones de algunos voceros. Pero insisto: estamos en una democracia participativa que exige ir a elecciones casi todos los años, y si una parte importante del pueblo (incluyendo a esa clase media popular, que también es pueblo) rechaza nuestro mensaje por no ser capaz de asimilar su forma, es nuestro deber llegarles de otra manera. Es decir: tenemos que cambiar la forma de nuestro mensaje, o sino, resignarnos a entregar el poder.

Continuamos utilizando fórmulas desgastadas, que tal vez le funcionaron a un personaje tan único como lo fue el Presidente Hugo Chávez, en un tiempo en el que la televisión por cable e Internet no tenían tanta penetración. Pero hoy, una cadena nacional de radio y televisión que dura de 2 a 5 horas no garantiza que un mensaje llegue a toda la población, como hubiera podido ocurrir hace años. ¡Todo el mundo simplemente cambia de canal o se mete en Internet a ver videos en Youtube! Hasta los chavistas lo hacen, pues están confiados en que en 1 ó 2 horas les llegará por Whatsapp el resumen de la alocución, que se lee en menos de dos minutos.

Muy pocas personas pueden estar atentas por 4 horas a un discurso o a un programa del Presidente de la República. Quienes sí lo hacen, son los periodistas asignados por los diferentes medios de comunicación. Pero los medios ya tienen sus roles preasignados:

  • Los medios de derecha toman, de esas 4 horas de discurso del Presidente, aquellas frases que pueden generar más rechazo a la clase media.
  • Los medios internacionales toman las frases que mejor les sirvan para ridiculizar al Presidente venezolano, sacándolas de contexto o manipulándolas de ser necesario.
  • Los medios del Estado, por su parte, tienden a repetir las frases más panfletarias y propagandísticas (aquellas que ya no llaman la atención de tantas veces que se han repetido) o aquellas que complacen a los dirigentes del PSUV, pero no atraen al público. Llega un momento en el que ni los propios partidarios del gobierno nos enteramos de lo que el Presidente dice.

Nuestros medios de comunicación, en su gran mayoría, no están hechos para captar opositores. El discurso que nos llega desde Venezolana de Televisión y la mayoría de los medios del Estado está hecho principalmente para los “chavistas come-candela”. En ocasiones el discurso suele ser muy propagandístico, con adjetivos en extremo positivos y frases rimbombantes enfatizada en términos como “Batalla”, “Victoria”, “Patria”, “Triunfo”, “Paz”, “Indestructible”. Se enlazan por horas y horas con operativos y marchas donde prácticamente todos los entrevistados dicen lo mismo. Sí, son mensajes hechos para subirle la moral al chavismo radical en uno de los años más duros que hayamos tenido que enfrentar, pero no son mensajes que puedan hacer que una persona decepcionada o cansada del chavismo pueda reencontrarse con él.

En los últimos días, nuestros medios se han empeñado en presentar con mucho énfasis un buen artículo, titulado “Las 10 victorias deMaduro en 2016” por Ignacio Ramonet, que enaltece al Presidente Nicolás Maduro por haber resistido este terrible año que pasó. Sí, él ha trabajado mucho, eso es innegable. En lo personal, lo admiro enormemente.

Pero ese excesivo peso que se le ha dado a ese artículo, publicándolo en todos los medios públicos y en anuncios pagados en medios privados por varias semanas, con imágenes presentándolo como un superhéroe vencedor, es algo que cae mal.

¿Saben ustedes quienes son los auténticos héroes de 2016? ¡El pueblo venezolano! ¡La gente! Tanto el de los sectores populares como el de clase media. Tanto el chavista como el opositor. El que ha resistido pacientemente esta cruel guerra económica con valentía y coraje.

  • Las mujeres y hombres que hacen decenas de horas de colas, a pesar de la especulación empresarial y bachaqueril.
  • Las madres que han tenido que abandonar la comodidad de los pañales desechables para usar los de tela.
  • Las que han tenido que pararse más temprano para hacer arepas de maíz pilado ante la imposibilidad de conseguir harina pan.
  • Los que han sacrificado sus horas de descanso y entretenimiento para organizar su comunidad.
  • Los que tienen que trabajar horas extras para traer ingresos extras para sus familias, y que a menudo tienen que gastar esos ingresos comprándole productos de primera necesidad a un bachaquero o en un PAC gubernamental, porque les fue imposible conseguir el producto a precios regulados.
  • Los que han tenido que aprender a sembrar en sus casas, en sus patios, en sus terrazas.
  • O mi mamá, que fue traída cuando niña por sus padres desde Colombia, huyendo de guerras que no comprendían. Una mujer que luchó hasta el último día de su vida, que amaba a Chávez enormemente y murió en medio de esta guerra económica.

Todas y todos ellos son héroes, y su gran victoria es haber vivido este cruel 2016 con la ayuda del gobierno bolivariano en muchos casos, aunque no en todos.

¡Démosle las gracias a todos ellos! ¿Que muchos votaron en nuestra contra el 6-D? ¡Por Dios, terminemos de reconocer que tuvimos la culpa de esa derrota! ¡Dejemos de echarle la culpa a la gente! ¡Tengamos un poco de humildad! ¿O es que queremos una nueva derrota en las elecciones de gobernadores y alcaldes?

El artículo de Ramonet es un recopilatorio valiosísimo que nos recuerda muchos de los grandes obstáculos que tuvo que enfrentar Maduro en 2016, los cuales venció de forma admirable.

Pero también tiene algunos puntos que molestan enormemente. El autor califica como “error mayúsculo” el que se hayan estado subvencionando productos alimenticios de primera necesidad a la clase media trabajadora. Según Ramonet, sólo los más pobres pueden tener acceso a productos alimenticios subvencionados por el gobierno, y el resto de la población tenemos que comprarlo “a su precio justo establecido por el mercado”. Por ejemplo: el arroz a Bs. 6.400 el kilo, el azúcar a Bs. 4 mil el kilo, el medio kilo de pastas a Bs. 3.500 y la carne a Bs. 9 mil. ¿El libre mercado pone precios justos, camarada Ramonet?

Coincidimos totalmente en que los más necesitados deben recibir un trato especial. Pero que al resto de los trabajadores prácticamente se nos arroje a las fauces del capitalismo más salvaje que haya vivido este país… ¿qué clase de justicia social es esa?

Capitalismo salvaje de facto

Por favor, entiendan lo que trato de decir: En las urbanizaciones de “clase media” no tenemos beneficios como los módulos de Barrio Adentro, Mercales, Pdvales, Abastos Bientenario, Mi Casa Bien Equipada ni similares (o no funcionan como se esperaría en una situación de guerra económica como la que vivimos). No hay operativos de venta de alimentos y otros productos.

En las urbanizaciones de clase media, estamos viviendo un capitalismo neoliberal de facto. Los comerciantes suben los precios de 20 a 50 por ciento todas las semanas, sin posibilidad alguna de reclamar ni de lograr que algún ente gubernamental haga presencia y ponga orden en los precios. Los productos regulados que llegan son muy pocos, se venden por cédula de identidad, llegan cuando uno está en su trabajo y lo compran, en su mayoría, personas que no viven en el sector.

Y lo peor es que todavía queda algún que otro opositor que repite el discurso trillado de que todo esto pasa cada vez que algún gobernante quiere intervenir y regular la economía. ¡Qué más quisiera yo que el Estado interviniera y regulara todo! ¡Qué más quisiera yo que encontrar alimentos a los precios que dice la Gaceta Oficial, y no estar pagando Bs. 10 mil por un litro de aceite de soya brasileño, Bs. 4 mil por medio kilo de margarina, Bs. 6 mil por medio kilo de café o Bs. 3.500 mil por un kilo de tomates o uno de cebollas? Ojalá el Estado colocara una oficina permanente del Sundde en cada urbanización, barrio y pueblito del país, poniendo orden cuando sea necesario.

En otros casos la oposición se encarga, muy eficientemente, de emitir rumores que desde la revolución nunca desmentimos con la contundencia debida. Por ejemplo: En el este de Caracas, el agua falta periódicamente. Las urbanizaciones de clase media reciben agua sólo por dos o tres días a la semana, y en algunos sectores populares es aún más grave, recibiendo agua únicamente unos pocos días al mes.

Pero hay muy poca información sobre las razones (en particular, la necesidad de que se termine la construcción del Sistema Tuy IV). La oposición ha aprovechado esto para desinformar y asegurar que el gobierno corta el agua en estas zonas como “un castigo” contra los sectores donde no ha logrado victorias electorales, lo que en efecto mina aún más la popularidad del chavismo en esta zona.

Pero el chavismo no explica con la reiteración necesaria qué ocurre con el agua, no explica qué pasa con Tuy IV ni señala cuándo podría estar listo.

Lo mismo ocurre con la Línea 5 del Metro, el Metro Caracas-Guarenas-Guatire y otras obras que se debían construir hacia estas zonas, y que están paralizadas por la caída de los precios del petróleo y la prioridad necesaria que hay que darle a la lucha contra la guerra económica. El diario antichavista El Nacional ha sabido aprovechar el silencio del gobierno en este y otros temas para hacer una campaña denunciando la ineficiencia y la poca capacidad del gobierno de cumplir sus promesas, aumentando aún más nuestra falta de credibilidad y de convencimiento sobre la población.

Cosas parecidas ocurren con Corpoelec. En Caracas, desde hace años no llegan a los hogares los recibos con el consumo eléctrico que te indican cuánto debes pagar por cada mes. La mayoría de la gente se acostumbró a pagarlo a través de taquillas externas o en la página web de su bancos, donde te dicen cuánto debes pagar, pero no te dan un detalle del consumo.

Y de pronto llegan los aumentos: quienes pagaban Bs. 500 mensuales ahora deben pagar Bs. 2 mil, Bs. 5 mil o más. La gente maldice al gobierno por “aumentar la electricidad”, aunque en realidad la electricidad aún no ha aumentado: las alcaldías de los municipios caraqueños están aumentando el aseo urbano de forma desproporcionada, y la gente no se entera de ello porque no tienen un recibo que les indique con claridad qué es lo que están pagando.

¿Por qué no se busca una forma de que a la gente les llegue algún tipo de recibo digital, que no sólo les informe los detalles de su factura y los consumos de aseo urbano, sino cuánto les está subsidiando el gobierno su consumo eléctrico?

Es sabido que los venezolanos pagamos mucho menos por la electricidad de lo que paga una familia en México, Colombia u otros países. Sería interesante que el recibo indique cuánto tendría que pagar cada familia si el servicio no estuviese subsidiado, para que aprendamos a valorar un poquito más las bondades de un sistema de gobierno que va rumbo al socialismo.

¿Qué podemos hacer?

Visto que 2017 y 2018 serán años electorales, hay que actuar con velocidad para recuperar el apoyo de los sectores populares y de clase media proletaria.

  • Es vital hablarle y demostrarle a la clase media trabajadora y a los sectores proletarios que sí nos importan, y que un proceso revolucionario como el nuestro también busca apoyarlos y ayudarlos. Tenemos que estar con ellos. Tenemos que confrontar los problemas juntos, y más que estar hablando y hablando, tenemos que estar allí y dar soluciones.

    Ya basta de hablar de “los créditos indexados, las cuotas balón” y otras medidas muy buenas, tomadas por el gobierno en 2002. Sí, fueron medidas importantes y exitosas en su momento, pero ¡estamos en 2017! ¡Ya pasaron 15 años!

  • Tenemos que ejecutar tres pasos:
    1. Ayudar también a la clase media y profesional a sobreponerse de la guerra económica. Ayudarlos a hacer la situación más llevadera, demostrarles que nos interesan.
    2. De esa forma, podremos ganarnos de nuevo el derecho a hablarles, y lograr que nos escuchen. Derecho que hemos perdido en medio de tanta politiquería, burlas y de considerarlos a ellos el enemigo.
    3. Una vez ellos nos escuchen, tenemos que repolitizarlos, mostrándoles las características del sistema capitalista en el que vivimos en nuestro país y el mundo, y convenciéndolos de que hay que construir un mundo distinto bajo otro sistema. Obviamente hay que usar un lenguaje y palabras distintas al lenguaje trillado que hemos usado hasta ahora.
  • El gobierno debe ayudar a los sectores de clase media para sobrepasar esta guerra económica. Se deben hacer operativos de venta y acceso a alimentos, tal vez no al mismo precio que los subsidiados a los sectores populares, pero sí a uno que sea mucho menor que el que están ofreciendo locales y establecimientos comerciales de estas zonas.
  • Es necesario buscar en las filas del chavismo nuevos interlocutores y voceros, dispuestos a hablar con la clase media proletaria y profesional, escucharlos, dialogar con ellos y actuar como interlocutores con el chavismo pesuvista. Que tengan una forma distinta de hablar, capaz de expresar el mismo mensaje, pero superando el panfletarismo y el uso de peyorativos y frases trilladas. Que, al igual que lo hacía Chávez, se hagan responsables de sus actos, sepan reconocer cuándo fallaron y estén dispuestos a corregir.
  • Esta búsqueda no debe hacerse sólo en territorio venezolano, sino también a nivel internacional. Es necesario que el chavismo se reencuentre con aquellos luchadores, líderes sociales y de movimientos de izquierda de todo el mundo, quienes también se han visto afectados por la propaganda negativa contra nuestro país. Hay que buscar a la gente que ha construido experiencias notables, traerlos a Venezuela y mostrarles la realidad de nuestro país (tanto lo bueno como lo malo), escuchar sus consejos, sugerencias y críticas (públicas y privadas), y permitirles compartir sus experiencias con nuestro pueblo. Reorganicemos foros donde podamos traerlos. No nos limitemos únicamente a los aduladores; ¡es necesario también traer a aquellos que tienen sus dudas y críticas! A mí me alarma tanto haber visto a tanta gente de izquierda, que en los días de Chávez no tenían temor alguno en hablar bien de nuestro proceso revolucionario, pero que en los últimos años se han abstenido de hacerlo. Caray, ¡traigámoslos y mostrémosle lo que está pasando!
  • Servicios como la Misión Nevado han tenido un éxito espectacular dentro de la clase media. La Misión Nevado ha ayudado a muchas personas de clase media y sectores populares a poder darle atención y salud a sus animales de compañía, sin tener que gastar decenas de miles de bolívares exigidos por los veterinarios privados. Ustedes no tienen idea de lo que es para una persona que tiene un perro o un gato gravemente enfermo (y que lo ven como un miembro de su familia), poder llevarlo a Misión Nevado y que allí lo ayuden a curarlo, con un precio que no podrían pagar en un consultorio privado. Personas que, en muchos casos, se despiden diciendo: “A mí no me gusta Maduro, pero debo reconocer que lo que ustedes hacen es maravilloso”.

Esta misión no sólo debe expandirse, sino estudiarse como ejemplo de los servicios que pueden ofrecerse a la clase media y a sectores populares, que sirvan para ganar apoyo dentro de éstos estratos de la población.

Misión Nevado ha tenido una inmensa aceptación en la clase

Misión Nevado ha tenido una inmensa aceptación en la clase “media”.

  • Barrio Adentro y los CDI han sido una política muy acertada en los sectores populares. Es necesario llevarla también a las urbanizaciones, sobre todo en momentos en los que el alza de los precios de los servicios privados de salud impide a la clase media acceder a la salud primaria.

    Es posible que tengamos que implementar estos servicios con otro nombre (a mucha gente de clase media no les agradaría tener un “consultorio Barrio Adentro” en su edificio residencial, argumentando idiotamente que “eso desvaloriza mi propiedad”). Y tal vez sea buena idea hacer cobros de acuerdo a la situación socioeconómica de las familias que quieran darle uso, con el fin de hacerlos autosustentables. Pero el demostrarle a las familias de clase media que nos interesa su salud y que los ayudaremos en circunstancias tan difíciles como cuando confrontan una emergencia y las clínicas privadas o los seguros médicos les dan la espalda, es una forma importantísima de ganárnoslos.

  • Lo mismo con los expendios de comida: los abastos Bicentenarios y Pdval tienen que expandirse no sólo hacia los sectores populares sino también hacia la clase media, pero estando bien surtidos, con productos de calidad y a buenos precios. Los de primera necesidad deben estar allí, con precios justos y al alcance de todos.
  • Siempre habrá personas en estas zonas de clase media que intentarán oponerse a estos operativos, organizar protestas, cacerolazos, etc. Pero son muchos más quienes nos apoyarán con el tiempo, a medida que sientan que lo que hacemos es efectivo y sí los estamos ayudando. Lo que no puede esperar el gobierno es que esto se resuelva a través de un enfrentamiento entre vecinos. Es deber del Estado, en conjunto con la comunidad, hacer estos operativos de forma inteligente para dejar fuera de lugar a los opositores radicales y extremistas.

Debemos llegar a la gente de estos sectores, bien sea a través de los medios de comunicación que ellos ven, o bien sea creando nuevos medios de comunicación, con códigos nuevos y formas de expresión distintas. Alejados de lo panfletario e institucional.

  • En este sentido, tenemos experiencias excelentes: Conciencia TV ha tenido una importante penetración en sectores de la clase media. Este medio se ha alejado del panfletarismo, de los discursos oficiales, del “pegarse a la transmisión del ministro”, para mostrar programas muy interesantes y que llegan a los profesionales y la gente de sectores de clase media y profesional.
  • Pero también podemos infiltrar y penetrar sus propios medios para dar mensajes desde ellos, bien sea contratando publicidad, o creando productos que a ellos les interese transmitir. Los mensajes que se emitan desde sus propios medios deben tener la estética adecuada, pensando en los segmentos que son alcanzados por dichos medios. Hay que recurrir a la emotividad para dejar un mensaje muy bien pensado, que les lleve a concluir que el chavismo es sinónimo de una mejor calidad de vida y bienestar. Transmitir propaganda panfletaria, llena de frases rimbombantes y politiqueras en un canal de televisión por cable, sólo servirá para aumentar nuestro rechazo en la clase media.
  • Siempre debemos actuar con un mensaje revolucionario, pero modificaremos su formato para hacerlo menos panfletario y más potable a estos sectores profesionales. Tomaremos todas las experiencias y metodologías de la industria publicitaria y la mercadotecnia, pero las usaremos a nuestro favor, con nuestros símbolos, nuestra ideología y estética.
  • Averiguaremos cuales palabras y frases son rechazadas de plano por ser trilladas y desgastadas. Si la gente está harta de escucharnos hablar del “Imperialismo”, “la burguesía” o “los pelucones”, buscaremos otras formas de hacerles llegar ese mismo mensaje. Lo diremos de formas distintas. Lo esconderemos además en productos de entretenimiento (películas, series, novelas, humor, videos musicales, etc.), sin asfixiarlos en un mundo de mensajes políticos, pero tampoco cayendo en el apoliticismo.
  • O, mejor aún: en vez de repetir palabras, lemas y consignas, presentaremos hechos, argumentos y evidencias para que nuestros usuarios saquen sus conclusiones.
  • Debemos acabar con la homogeneidad en el discurso del chavismo. Eso no significa que acabemos con la unidad. Pero cada revolucionario tiene el deber de comunicar lo que piensa, haciéndolo en sus propios códigos, y en los que su comunidad entiende. No es lo mismo hablar de socialismo entre campesinos, que hacerlo entre amas de casa, músicos, informáticos, pescadores o deportistas.
  • La segmentación es vital. No nos podemos dirigir de igual forma a niños, adolescentes, adultos jóvenes, adultos contemporáneos o adultos mayores. Hay que crear más medios especializados: científicos, culturales, históricos, de entretenimiento, películas, series, música, telenovelas, para niños y jóvenes, para mujeres, para la comunidad sexo-diversa, entre muchos otros.
  • Debemos preocuparnos más por la forma, la estética, lo bonito, lo que le gusta al público que queremos alcanzar, sin transigir ni abandonar nuestro mensaje.
  • Debemos aprender a soñar: ser capaces de mostrarle a nuestra población cómo será el futuro en un mundo socialista. Los Estados Unidos bombardea a su población con cientos de películas, libros, comiquitas y productos audiovisuales mostrándoles mundos futuristas de ciencia ficción, con casas llenas de robots que harán todas tus tareas, carros eléctricos que se conducen solos, zapatos que se atan automáticamente, computadoras que harán todo tu trabajo mientras tú descansas en la playa, viajes a la Luna y Marte y ciudades utópicas donde no existe pobreza ni desigualdad. Es demasiado común escuchar a grandes personalidades confesar que decidieron estudiar física, ingeniería, trabajar para la Nasa o unirse al Ejército tras haber visto y sentirse inspirados por determinada película.

    Nosotros, en cambio, no hemos podido pintar a nuestra propia población cómo será el futuro utópico que traerá el socialismo que queremos construir. ¿Por qué no organizamos concursos para la creación de libros, novelas, comics, artes plásticas, ilustraciones, afiches, productos para televisión y cine enmarcados en el socialismo del futuro?

El capitalismo bombardea a su gente con lo que ellos piensan que será su futuro utópíco. ¿Cómo será un mundo socialista si llegamos a hacer todo como lo esperamos?

El capitalismo bombardea a su gente con lo que ellos piensan que será su futuro utópíco. ¿Cómo será un mundo socialista si llegamos a hacer todo como lo esperamos?

  • Muchos de nuestros propios medios impresos y digitales tampoco están hechos para ser leídos por opositores, en contraste con la mayoría de los medios de derecha, que hacen un gran esfuerzo para aparentar neutralidad, ocultar su línea editorial y así atrapar a incautos. En cambio, los nuestros se esfuerzan por copiar el lenguaje de los políticos del PSUV, incluyendo titulares rimbombantes prometiendo victorias, y frases peyorativas e insultantes cuando se habla de la oposición. A menudo es frecuente leer en nuestros medios frases como “La oposición venezolana, con mayoría circunstancial en la Asamblea Nacional…”, una frase que tal vez sea apropiada para un dirigente político, pero no para un periodista revolucionario que redacta una nota informativa.

    Habrá quien leerá el párrafo anterior y dirá que yo estoy proponiendo “despolitizar”. Todo lo contrario, yo no creo que la política esté ligada al insulto, los peyorativos y las frases rimbombantes. Estoy proponiendo dejar atrás la politiquería, y demostrar que el socialismo se puede construir y difundir con altura.

  • Nuestro deber no debería ser colocar frases y adjetivos ponzoñosos en nuestros medios y mensajes, que causen que el opositor se moleste y se marche de la página. No queremos crear páginas únicamente para chavistas.
  • Nuestro deber debería ser lograr que el opositor lea nuestros argumentos y se convenza por su cuenta de que tenemos al menos parte de la razón. Para esto, tenemos que crear nuevos periódicos, páginas web, radios, televisoras, canales Youtube y cualquier otro tipo de medios de comunicación con un target específico.

Estas y otras acciones deben discutirse y tomarse con urgencia. Es cierto que recuperar a millones de personas que dejaron de identificarse con el chavismo no se hará de la noche a la mañana, que tal vez no sean muchos al principio los que aprecien los esfuerzos de la revolución para tenderles una mano. Pero, con las políticas adecuadas y a través de los años, estoy seguro de que atraeremos de nuevo a millones de personas que sólo necesitan ver un gobierno con un poco de interés en sus problemas, para apoyarlo de nuevo.


https://lubrio.blogspot.com/2017/01/chavismo-recuperar-clase-media.html


 

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“El nuevo precio del ABA de Cantv es 3,5 por ciento del salario mínimo, pero…” por Luigino Bracci Roa.

Tomado del blog de Luigino Bracci Roa, publicado a raíz del aumento de precio de los planes internet de CANTV, nos solidarizamos plenamente con las opiniones emitidas en este artículo, por ello decidimos “rebloguearlo” para su difusión y conocimiento.


El nuevo precio del ABA de Cantv es 3,5 por ciento del salario mínimo, pero…

Y lo digo como informático y persona que se desenvuelve en el campo de las páginas web, las redes sociales e Internet desde 1995. Me da una arrechera inmensa, lo digo con toda la sinceridad del caso. Es uno más entre la lista de miles de aumentos que nos han golpeado en los últimos meses, que se encargan de pulverizar nuestros sueldos a pesar de los aumentos.

Pero, una vez uno asimila esta molestia, uno tiene que ponerse a buscar explicaciones a las razones del aumento. En su página web oficial, www.cantv.com.ve, y en su portal de noticias www.cantv.net no hay información sobre el aumento de tarifas ni las razones. Hay que entrar en www.cantv.com.ve, en la sección “Hogares”, “Internet”, “ABA”, “Información General”, “Planes y precios”, para encontrar un escueto listado de tarifas, que NO EXPLICA las razones del aumento.

CANTV planes internet a partir de agosto 2016

Haga click para agrandar la lista de
nuevos precios del ABA de Cantv

De allí que, cuando los periodistas de algún portal de derecha encontraron esta lista de precios y tomaron la iniciativa de publicarla con frases sarcásticas en contra de Maduro y el socialismo que intentamos implementar, era inevitable que se formara el escándalo en las redes sociales, y que mucha gente, inclusive camaradas nuestros, comenzaran a gritar: ¡El gobierno de Maduro se está volviendo neoliberal!

Sin embargo, las razones del aumento son las mismas que el gobierno tuvo para recortar canales en Cantv Satelital unos meses atrás: son servicios que se cancelan en dólares a empresas extranjeras, y el gobierno, en medio de esta crisis que vivimos por la caída de los precios del petróleo, tiene que priorizar los dólares: necesitamos divisas para importar más comida, medicamentos y bienes vitales. De allí que los dólares para telecomunicaciones, desde enero pasado, fueron subidos de Bs. 12 al precio de DICOM, que en estos momentos supera los Bs. 640.

¿Es justificado el precio?

Ahora bien, comparemos los precios con los de otros países. Un servicio de Internet banda ancha básico, en otros países, está costando de 15 a 20 dólares mensuales. Según este sitio web, el precio promedio en Latinoamérica del servicio de Internet banda ancha era de 18,7 dólares mensuales (plan básico, para mediados de 2013).

Suponiendo que ese precio haya bajado a 15 dólares mensuales: si lo calculamos a precio DICOM, el servicio de banda ancha fija más económico que debiera ofrecer CANTV debería costar Bs. 9.643.

Sin embargo, el plan ABA Inicio, el más barato de todos, costará Bs. 792 mensuales a partir del 1 de agosto, por Internet de 1 Mbps y consumo ilimitado de datos. Calculado a dólar DICOM, costará apenas 1,23 dólares mensuales; tal vez sea uno de los más económicos de América Latina.

Por supuesto que lo que molesta es que este plan costaba Bs. 145 mensuales, y está aumentando repentinamente su precio 5,4 veces.

Una persona que pagaba Bs. 272 por el plan ABA para Todos de 1,5 Mbps, ahora tendrá que pagar Bs. 1.177 (aumenta 4,3 veces).

El plan de 4 Mbps aumenta de Bs. 500 a Bs. 3.197 (aumenta 6 veces), y el plan de 10 Mbps aumenta de Bs. 770 a Bs. 7.791 (aumento de 10 veces).

Comparaciones.

Pero también es cierto que el aumento de la mensualidad del plan ABA para Todos (Bs. 905) equivale a un paquete de doce galletitas Oreo (que cuesta Bs. 900), y es inferior a una botella de 2 litros de Pepsi Cola (Bs. 1.200) o a dos perros calientes en la calle (Bs. 600 cada uno). No estoy justificando el aumento: sólo estoy haciendo una comparación, en base a los precios alocados que estamos viviendo en Venezuela en estos momentos.

Una comparación más adecuada de los precios sería con respecto al salario mínimo legal de nuestro país. El salario mímimo en Venezuela, en estos momentos es de Bs. 15.051,15. Los trabajadores también reciben tickets de alimentación de Bs. 18.585 (que sólo pueden utilizar en supermercados y expendios de alimentos, restaurantes, etc.), lo que coloca el salario mensual en Bs. 33.636,15.

Por ende, el plan “ABA para todos” de Bs. 1.177 mensual representa el 3,5 por ciento del salario de un trabajador que gane sueldo mínimo, y los profesionales que usan Internet generalmente ganan más que eso.

Costo del plan ABA para todos con el salario mínimo

Costo del plan ABA para todos con el salario mínimo

En Colombia, el salario mínimo mensual es equivalente a 255 dólares: un servicio de banda ancha mensual de 15 dólares equivale al 5,8 por ciento de su salario. Así que, por difícil de creer que sea, el ABA de Cantv es más económico en Venezuela que en Colombia, a pesar del aumento.

Para una persona que gane en dólares, Venezuela es un auténtico paraíso, y no vamos a dejar de negar que, gracias a sitios web de teletrabajo como Freelancer, Workana, Infojobs y similares, hay muchos ingenieros, diseñadores gráficos, comunicadores, informáticos y profesionales que ganan en dólares trabajando desde sus casas en Venezuela, y que son los primeros en poner el grito al cielo por el aumento del ABA, aún cuando éste ni les afecta. Al igual que los innumerables Youtubers que ganan cientos de dólares mensuales por grabar videos quejándose de la situación del país y de lo difícil que es vivir en Venezuela.

Ni hablar de las personas que trabajan en innumerables ONGs de maletín que han surgido en los últimos meses, recibiendo dólares desde el exterior para cualquier tipo de proyecto estadístico o comunicacional que ayude a hacer tambalear al gobierno de Maduro.

Los problemas de Cantv y Movilnet.

Sin embargo, también hay que ser muy autocríticos: es un hecho que Cantv y Movilnet tienen graves fallas en su servicio, desde hace años. Movistar también subió sus tarifas recientemente, en una proporción aún mayor que las empresas del Estado, pero hay un hecho: En la empresa estatal Movilnet, para hacer una llamada, tienes que marcar al menos 5 ó 6 veces, y la estabilidad de la llamada deja mucho qué desear. En Movistar y en Digitel, la llamada cae a la primera.

En Movilnet, navegar por Internet es una misión casi imposible, en particular en el centro de Caracas, donde funcionan la mayoría de las instituciones públicas del Estado venezolano (en el este de Caracas el Internet funciona mucho mejor). En Movistar y Digitel, navegas razonablemente bien. Por eso, mucha gente prefiere pagarle a estas empresas a pesar de que son más costosas: porque funcionan mejor.

¿Se volvió Luigino neoliberal y adoptó el discurso de que lo privado es bello y lo público no sirve? No, camaradas. Movilnet fue nacionalizada en 2007. Hasta ese año, era una empresa privada que tenía como misión ofrecer un excelente servicio en las zonas donde vivía la gente más pudiente, es decir: en el este y sureste de Caracas. El centro y oeste de Caracas no era su prioridad, y mucho menos el interior del país.

Lamentablemente, en los 9 años que Movilnet ha estado en manos públicas, no se ha cumplido el objetivo de hacerla funcionar mejor en el centro y oeste de la ciudad de Caracas, donde vive la mayoría de la gente. Ojalá la nueva administración de Jacqueline Faría pueda hacerlo, pero en este momento la crisis no ayuda mucho.

Igualmente, Movilnet ha tenido que migrar sus tecnologías y equipos numerosas veces: tuvieron que migrar de TDMA a CDMA, de allí a GSM, y recién ahora es que están empezando a adoptar 4G. Pero además, tuvieron que cambiar de sus antiguos proveedores y equipos estadounidenses a empresas y tecnologías chinas, lo que seguramente también les ha traído retos a nivel técnico y de personal, entrenamiento, etc.

Por otro lado, es cierto que los dólares deben priorizarse. Para mí sería un poco más digerible aceptar el aumento de Internet y telefonía, si los dólares anteriormente destinados a telecomunicaciones se usaran para importar o producir más alimentos, y pudiera comprar un kilo de arroz, un litro de aceite, una crema dental, un jabón o un pan canilla con toda comodidad.

Pero no es así. Me paro temprano para ir a trabajar, regreso en la noche a mi casa, y aún cuando en mi zona hay cuatro supermercados y tres panaderías, los mismos están llenos de colas de personas todo el día (entre ellas muchos “bachaqueros” y revendedores), que agotan los productos básicos apenas llegan, pues están haciendo de 10 a 12 horas de colas. Lo que queda luego de que ellos se van, es comida no regulada a precios impagables.

El Sundde (ente público encargado de la fiscalización de los precios) no hace su cometido y mi zona es considerada “no prioritaria” por ser de clase media, por lo que no tenemos CLAPs (las bolsas de alimentos regulados que el gobierno reparte en algunos sectores populares).

¿Creen entonces que uno puede recibir con felicidad y alegría estos aumentos de Cantv y Movilnet? Obviamente no. Y mucho menos si nadie da la cara para explicarlos.

Lamentablemente, aún cuando las matemáticas demuestran que el aumento es justificado, el problema es que todo el mundo te está bombardeando con “aumentos justificados”. Y yo no puedo ir adonde mi jefe a exigirle un aumento de sueldo cada vez que las empresas públicas y privadas me hagan aumentos a mí. Por muy justificados que estén, mi jefe y el departamento de recursos humanos del sitio donde trabajo simplemente me dirán: “no te podemos pagar más; si no te gusta, vete”.

Lamentablemente, y esto hay que reconocerlo una y mil veces, los aumentos que el camarada Presidente Maduro decreta nunca están a la par de los aumentos que empresas privadas y públicas hacen sobre los servicios que ofrecen a la población, y no nos queda otra sino salir de servicios, o tener que buscar trabajos adicionales, lo que también desmejora nuestra calidad de vida.

Recordando las causas fundamentales.

Pero no podemos dejar de pensar cual es la causa de todo esto, señores: vivimos en un país lleno de recursos naturales de todo tipo. Los grandes empresarios de países desarrollados ven como imprescindible el conquistar estas tierras para mantener sus imperios comerciales y el estilo de vida de sus consumidores del Primer Mundo.

Tenemos gigantescas cantidades de petróleo, oro, hierro, agua potable, coltán, bauxita, diamantes, tierras cultivables, paraísos turísticos, y hasta a las bellas mujeres venezolanas ellos las ven como trofeos.

El Comandante Chávez, el principal obstáculo que les impide a esos empresarios adueñarse de estas tierras, murió en 2013, y ellos ven a Nicolás Maduro como un líder mucho más fácil de derrocar.

Hace 100 años, simplemente nos hubieran invadido militarmente. Pero hoy, en un mundo distinto y mucho más hipócrita, hay que justificarlo todo. Si Estados Unidos nos invade porque le da la gana, Rusia y China también podría invadir militarmente otros países que a ellos les dé la gana invadir. Todo el mundo invadiría a todo el mundo, y el mundo se volvería una mierda, con guerras mundiales cada pocos años, y millones de jóvenes muertos cada año por la causa de unos pocos empresarios que los mandar a pelear sus batallas.

Así que, en este mundo actual, se necesita colocar a Venezuela en un estado de “crisis humanitaria”, de hambre, de necesidad, de personas muriendo por no conseguir comida ni medicamentos, para justificar una invasión disfrazada de “intervención humanitaria”, legal y autorizada por organismos supranacionales.

Y, por muchos problemas que estamos pasando, por mucha incompetencia y corrupción de determinados funcionarios gubernamentales, yo no quiero ayudar a los gringos a lograr su objetivo de invadirnos.

En fin: este es el “juego” al que estamos echándole bolas hoy. Cada quien sabe de qué lado está. Cada quién está haciendo su parte: los empresarios aumentan los precios injustificadamente cada pocos días. Los laboratorios acaparan o no producen las medicinas. Los panaderos ralentizan su producción de panes salados, aunque nunca faltan cachitos ni dulces. Los guardias nacionales matraquean. Los bachaqueros se organizan en mafias. Determinados funcionarios públicos sabotean las importaciones, las aduanas, los trámites.

“Yo estoy en guerra, mi pana”, le decía Lorenzo Mendoza a Ricardo Haussman con absoluta claridad de su rol histórico, en una grabación dada a conocer en octubre pasado.

¿Estamos en guerra nosotros? Definitivamente quienes toman decisiones comunicacionales en Movilnet y Cantv parecen no estar conscientes de lo que se está viviendo. Desde hace años que no provoca ver las declaraciones de funcionarios de determinadas empresas públicas, porque sus discursos son absolutamente divorciados de la realidad que vivimos todos los usuarios de estas empresas.

Sus palabras están dirigidas principalmente a sus jefes y superiores, diciéndoles que sí cumplieron con tal plan o con tal meta, y no están dirigidos a quienes tenemos que sufrir los problemas día a día como usuarios de estas empresas públicas.

Tenemos que sufrir marcando un teléfono 5 ó 6 veces para poder comunicarnos, y a los 2 minutos se cae la llamada. Nos dicen que cualquiera puede conectarse en los parques a las redes Wifi, cuando éstas la mayor parte del tiempo no funcionan. Nos dicen que pronto vendrá el 4G, cuando la verdad es que, aún conectado en 3G o H+, es imposible leer simples tuits en muchas zonas de Caracas. Y son muchas las personas que se quejan de que tienen que pasar semanas antes de que les solucionen su problema en ABA.

Caray, ¡asesoren bien a estos compas, para que sepan qué decir y cómo anunciar estos coñazos duros que tenemos que aguantar los usuarios de estas empresas, y en particular aquellos que trabajan en el área comunicacional del gobierno bolivariano!

A pesar de eso, prefiero confiar en Nicolás Maduro y esperar que planes como la nueva Gran Misión Abastecimiento Soberano que está poniendo en marcha, ayuden a cambiar estas realidades que bastantes problemas nos están trayendo. Con nuestra muy justificada molestia, ¡nunca dejemos de ver el bosque completo y no solamente un par de árboles!


Tomado del blog de Luigino Bracci Roa:

https://lubrio.blogspot.com/2016/07/el-nuevo-precio-del-aba-de-cantv-es-35.html


Bombillo fluorescente a precio de oro.

“No poder comprar ni un bombillo” por Luigino Bracci Roa.

Antesala: en su blog personal el sr. Luigino narra, sin ambgüedad alguna, la situación de la clase media en Venezuela. Me recuerda el caso de Argentina y el artículo de Carola Chávez pero con la salvedad de que el Caracazo fue mucho más fuerte, tanto en pérdidas de vidas humanas como en su repercusión en la sociedad y leyes venezolanas. Pero dejemos que “Lubrio” nos lo relate a su particular manera. La imagen del bombillo a precio de oro la aporta el sr. Lubrio, las demás imágenes las he recogido por Twitter.


Cuando el Comandante Chávez llegó al poder, activó una serie de programas sociales imprescindibles para acabar con esa terrible desigualdad y pobreza que habían dejado gobiernos pasados. Estos planes formaban parte de una transición, pues todos sabíamos que un gobierno socialista no podía ser eternamente asistencialista, sino que tenía que enseñarnos cómo resolver nuestros problemas.

Los medios son de la gente rica.

Los medios son de la gente rica.

“Gente rica pagando a gente rica para decirle a la clase media que culpen a la gente pobre”.

Pero la manipulación mediática desde la derecha, unida a la pésima política comunicacional de nuestro lado, hizo sentir a millones de personas de la mal llamada clase media, que ellos eran el enemigo, aún cuando no lo eran.

Un meme muy famoso que circula por redes sociales lo aclara de forma muy didáctica. Palabras más, palabras menos, nos dice que:

Cuando hablamos de burgueses, no nos referimos a ti, que eres un simple y pendejo asalariado que trabaja para un patrón. ¡Nos referimos a los dueños de los grandes medios de producción, de las grandes empresas, de las grandes fábricas!

Algo tan simple como eso no pudo ser explicado convincentemente, y en ese momento 4 millones de personas (hoy 8 millones) que viven en las urbanizaciones y hasta en nuestros barrios se han declarado en defensa de la burguesía y del gran empresariado venezolano y multinacional, que jamás movería ni un dedo por defendernos a nosotros, la masa de trabajadores que hemos construido este país.

Durante los primeros años del proceso bolivariano, estas personas de la clase media en realidad nunca perdieron nada. Más bien ganaron, gracias a decisiones del gobierno como los créditos indexados, programas como los de los automóviles Chery, o con la simple decisión de que el Estado continuase siendo el dueño de Corpoelec, Hidroven, Cantv, Movilnet, el Banco de Venezuela o las universidades autónomas, evitándose que los bolsillos de los venezolanos fueran destrozados por las cuotas mucho más altas que cobrarían estas empresas e instituciones de estar en manos privadas. Para cualquier referencia, pregunten a habitantes de Colombia, España u otros países cuánto pagan ellos por electricidad, teléfono, agua y otros servicios públicos, y compare los costos en función del porcentaje de sus sueldos que deben dedicar a esto.

Lula recuerda a pobres Argentina durante Perón.

Lula recuerda a pobres Argentina durante Perón.

¿Fue motivo de voto a Macri? Digo, el odio al pobre. Y no solo pienso en los ricos, sino en cierta clase media.

Yo tengo que agradecer el haberme graduado en la Universidad Central de Venezuela, algo que jamás hubiera podido lograr si Rafael Caldera y Henrique Salas Römer hubieran concretado sus ideas de privatizar las universidades autónomas. Y cientos de miles de personas lograron graduarse en universidades como la UBV, la UNEFA, la UNESR y tantas otras que nunca se hubieran creado o ampliado de no haber llegado Chávez al poder.

Pero la mejor ganancia que pudo traer este proceso es la paz. El que millones de personas salieran de la pobreza crítica y hubiera menos desigualdad, contribuyó a evitar que se tomaran caminos violentos para intentar acabar con la pobreza, como ocurrió en países vecinos que aún experimentan las consecuencias de ello, costándole la vida a cientos de miles de personas y dejando millones de desplazados.

La vida no es como las películas Terminator o “Volver al Futuro”, en las que hay varias líneas de tiempo distintas, y para conocerlas sólo hay que cambiar de DVD. Es imposible conocer cómo sería la “línea de tiempo” de una Venezuela paralela, en la que Hugo Chávez nunca hubiera llegado al poder. Pero si me tocara apostar, yo diría que, sin él, la gran mayoría de los venezolanos estaríamos viviendo un presente mucho más oscuro y violento que el que vivimos hoy, por difícil que nos resulte creerlo.

Bombillo fluorescente a precio de oro.

Bombillo fluorescente a precio de oro.

Ni un bombillo.

El problema es que, al arreciar la guerra económica, la clase media sí comenzó a sentir que se le quitaban cosas. Por ejemplo, la simple capacidad de comprar un bombillo: antes se podía conseguir el de filamento a Bs. 20, y el ahorrador a Bs. 200. Pero en estos momentos los de filamento cuestan Bs. 600 y los ahorradores Bs. 3.500 o más. Es decir, una persona que gana sueldo mínimo, no puede pagar 3 bombillos ahorradores con un mes de salario. Y un solo bombillo de filamento cuesta más de lo que una familia paga por un mes de servicio eléctrico.

Pongo el ejemplo del bombillo, pero en realidad está pasando con casi cualquier artículo importado que necesitemos, incluyendo alimentos, medicinas, repuestos, artículos personales, piezas y lo que sea. Hay quien alega que esto pasa porque no tenemos capacidad de producción en el país, y eso en parte es verdad. Pero también es cierto que no existe ningún país en el mundo que produzca el 100 por ciento de los bienes que consumen sus habitantes.

Claro, que los clase media vivimos en una burbuja particular egoísta y que sólo vela por nuestros propios intereses. No vemos ni siquiera al barrio que tenemos al frente, que gracias a la Revolución ha sido rehabilitado, mejorado, cuenta con mejores servicios públicos, salud primaria, mejor educación, Canaimitas y un operativo Barrio Nuevo Barrio Tricolor que mejora enormemente la infraestructura de los hogares. Mucho menos nos damos cuenta de lo que ocurre en una comunidad en pobreza crítica, que ni siquiera tienen acceso a electricidad, agua potable ni aguas servidas, y de pronto llega el gobierno e instala una Base de Misiones que les cambia enormemente la vida.

¿Quién tiene la culpa de que la clase media no se entere de estos grandes logros sociales? ¿Está bien culparlos a ellos de que, gracias al cine y las series de televisión, conozcan mucho mejor la ciudad de Nueva York que una comunidad en pobreza crítica a 2 kilómetros de distancia? ¿Y de que sólo salgan de esa burbuja de cristal cuando todos aquellos bienes que siempre habían podido comprar, de pronto se escapan de su alcance?

Cajas negras.

Por supuesto, no era el gobierno de Maduro el que nos está quitando la posibilidad de comprar un bombillo. Pero todo este proceso de importación y venta de productos y bienes funciona como una enorme caja negra cuyo funcionamiento los ciudadanos desconocemos con exactitud.

Por un lado, CencoEx entrega los dólares generalmente a grandes empresarios para que éstos importan productos. Al parecer, los empresarios son unos corruptos que revenden una parte de los dólares para sacarles grandes ganancias, e importan mucho menos productos de lo que debieron importar. Pero en CencoEx aparentemente no fiscalizan a los empresarios como debieran, porque al parecer son una mafia de corruptos. Tampoco hay mayor fiscalización hacia CencoEx, y la prueba es que en 2013 se perdieron 25 mil millones de dólares, robados por empresarios a través de empresas de maletín con la complicidad de Cadivi/CencoEx, y no hay mayores culpables por esta bochornosa acción.

Luego, en las aduanas hay más corrupción.

La Guardia Nacional Bolivariana también agrega corrupción.

En el ente de supervisión de precios, el Sundde, también hay ineficiencia y corrupción.

La creación de un “Comando Nacional de Precios Justos” no ayudó absolutamente en nada a resolver los problemas.

Esta imposibilidad de conocer exactamente lo que pasa, permite a la derecha culpar al gobierno, y el gobierno se defiende culpando a la derecha.

En estos días vi en VTV al presidente de Sundde diciendo en una entrevista, con absoluta tranquilidad, que el Estado venezolano provee prácticamente la totalidad de las divisas para importaciones, a precio preferencial. Señaló que el argumento de los empresarios, de que ellos tienen que vender los productos a precio de dólar paralelo porque el Estado no les da dólares preferenciales, es absolutamente falso. Pero no explicó por qué el 95 por ciento de los artículos a la venta en la mayoría de las tiendas se sigue vendiendo a precio de dólar paralelo.

Es decir, culpa únicamente a los empresarios, de la misma manera que un vigilante que se quedó dormido culpa únicamente a los ladrones por el robo que acaban de sufrir, y trata de eximir su propia culpa.

Por su parte, los empresarios culpan al gobierno de Maduro de no darle suficientes dólares, de regular los precios de forma absurda, de aumentar los sueldos constantemente, de no permitirles despedir trabajadores, etcétera.

Al final, tras dos años largos de guerra económica en la que ambos bandos se echan la culpa sin resolverse el problema, el 99 por ciento de los mortales seguimos desconociendo exactamente lo que pasa, lo que se termina traduciendo en los resultados electorales del pasado 6 de diciembre. ¿Alguien podía esperar otra cosa?

Entonces, a veces prendo VTV y veo a algún ministro diciendo que se hizo un operativo de entrega de bombillos ahorradores en la comunidad del barrio tal, donde les regalaron los bombillos porque el gobierno bolivariano y chavista quiere que todo el mundo viva bien. ¡Que esto sí es socialismo! Y me alegra mucho por los beneficiados.

Pero yo también soy un ser humano, vivo en una zona de esta mal llamada clase media, y no puedo comprar bombillos. La gran mayoría de mis vecinos tampoco. Las ferreterías están llenas de bombillos, pero no podemos comprar ni uno por su precio cada vez más desenfrenado.

Y no quiero ir al consejo comunal, para que le pidan al ministerio un operativo de regalo de bombillos.

Sólo quiero recuperar la capacidad que tenía hace dos o tres años, de comprar bombillos sin perder el 90 por ciento de mi salario mensual en ello. Y que todos mis vecinos puedan recuperar esa capacidad. Porque mientras ellos no la recuperen, JAMÁS vamos a poder acercarnos a ellos para intentar convencerlos de que la revolución bolivariana es una opción válida.

Jamás podremos hacerlo.

Ni con 100 mil campañas comunicacionales, ni trayendo a los mejores publicistas del mundo, ni haciendo 5 mil mesas de trabajo para firmar tres mil manifiestos de apoyo a la Revolución, ni haciendo 45 mil Corazones Llaneros o 600 mil Suena Caracas, ni trayendo a Nicky Jam, Gilberto Santarrosa, Jerry Rivera o Chino y Nacho. Ni resucitando a Michael Jackson, Héctor Lavoe o Rocío Durcal. Nada de eso servirá para recuperar apoyo.

Hasta que estos vecinos (personas que viven en edificios residenciales del este de Caracas, que no son burgueses ni pequeño-burgueses, sino simples trabajadores y profesionales asalariados) no puedan recuperar las capacidades adquisitivas que tenían hace unos años, nunca podremos convencerlos de que este es el camino correcto.

Y ellos votan. Y su voto vale.

Si el recuperar esa capacidad adquisitiva implica multar y cerrar a buena parte de los importadores del país y que el Estado tenga que asumir su actividad, pues ¡bienvenida sea esta decisión! Si los puertos son del Estado y si las aduanas son del Estado, pues que las importadoras también lo sean. Y si los distribuidores finales tampoco quieren entender que trabajan para un pueblo y un país que quiere ser libre y soberano, ¡pues que también sean asimilados!

Esperemos que las decisiones económicas que se tomen en los próximos días no sean más de lo mismo. Si no hay acciones radicales, valientes y contundentes que puedan acabar con la guerra económica en los próximos meses, todos sabremos que no podremos salir bien librados de los procesos electorales que la derecha intentará en los próximos meses para acabar con el gobierno de Nicolás Maduro.


“No permitamos que Venezuela sufra un pantallazo azul” por Luigino Bracci Roa.

Cajero automático - ATM.

Cajero automático – ATM.

❝No permitamos que Venezuela sufra un pantallazo azul❞ | Luigino Bracci Roa Twitter: @lubrio

En este artículo se intenta abordar una discusión un tanto difícil: el que muchos camaradas informáticos, jóvenes, partidarios del software libre, con un perfil de izquierda, en algún momento partidarios del proceso bolivariano y técnicos necesarios para que el Estado pueda desarrollar las aplicaciones requeridas para aumentar la transparencia, la eficiencia, la lucha contra la pobreza y se pueda eliminar la corrupción, de pronto han asumido una actitud apática con el gobierno bolivariano, ya no desean trabajar para él o incluso se han alejado del mismo.

Y es un hecho que muchos camaradas informáticos de la comunidad de software libre, que aplaudieron con gran alegría hace 11 años el Decreto Presidencial 3.390 firmado por el Presidente Hugo Chávez para ordenar la migración a software libre, poco a poco se fueron decepcionando. Algunos dejaron de apoyar abiertamente al gobierno, otros incluso se marcharon del país para hacer vida en otros lugares.

Hay muchas razones, y sin duda que cada caso es distinto. No voy a negar que en muchos casos hubo desclasamiento, aburguesamiento, desvinculación con los problemas del país o rechazo a los sectores populares. Pero también hay otras razones que todas y todos tenemos que entender.

Y creo que es necesario dedicar unos párrafos a explicar la forma de pensar de estos chamos y chamas quienes decidieron estudiar Informática, Computación o Sistemas.

Cómo funciona la mente de un informático.

A los informáticos y en particular a los programadores (los profesionales que crean los programas de computadoras que sostienen a la banca, la industria petrolera, los ministerios, las telecomunicaciones, etc.) nos gustan las reglas. Necesitamos reglas estrictas, bien establecidas, documentadas y probadas para lograr que los sistemas funcionen. Y necesitamos que las reglas funcionen y se cumplan estrictamente.

Un programa no es más que un conjunto de pasos necesarios para cumplir una tarea. Estos pasos deben cumplir un gran numero de reglas, para ser entendidos y ejecutados por un computador. Cualquier computadora moderna (incluyendo tu laptop, tableta, teléfono inteligente, los servidores del Banco de Venezuela o los de Google) están basados en la arquitectura de Von Neumann, y deben cumplir estrictamente un gran conjunto de reglas para que las aplicaciones modernas, que constan de millones de líneas de código, funcionen bien.

Las computadoras actuales no son como el HAL 9000 de Odisea del Espacio, o como Vikky, el computador de “Yo Robot”, que arbitrariamente deciden dejar de cumplir las reglas que los programadores humanos les implantaron. Si una computadora decidiera dejar de cumplir las reglas implantadas, no podríamos confiarles la banca, los cajeros automáticos, el pago de nóminas, los semáforos, las telecomunicaciones, los canales de televisión, el control de procesos en Pdvsa, Corpoelec o Hidroven, o tantas otras aplicaciones críticas.

Futurama: Bender Rodríguez. Futurama: Bender Rodríguez.

La formación que tuvimos los informáticos, básicamente nos obligaba a pasar horas y horas desarrollando software a lo largo de nuestra carrera. Y el software que desarrollamos allá en la universidad casi nunca funciona a la primera. Cuando le entregas a la computadora tus líneas de código fuente por primera vez para que éstas se transformen en una aplicación, casi siempre la computadora te dirá que el programa tiene decenas, cientos o hasta miles de errores por reglas no cumplidas.

Los estudiantes de informática tuvimos (y tenemos) que pasar aún más horas haciendo “depuración”: descubrir qué reglas hemos roto, y corregir el software. Casi siempre los errores son humanos: no cumplimos alguna regla, y por eso el programa no funciona. O, en muchos casos, el error está en alguna de las aplicaciones con las que tenemos que interactuar: bibliotecas de funciones hechas por terceras personas, drivers, compiladores, interpretadores. Y tenemos que aprender a corregir las reglas que nosotros mismos hemos roto. Aprendemos a hacer un máximo esfuerzo por cumplir las reglas. A pesar de nuestros esfuerzos nos equivocamos mucho, lo que hace que seamos humildes. Pero sabemos que podemos corregirnos.

Java.

Java.

Entenderán, entonces, que para una persona con esa formación no es fácil vivir en la Venezuela actual, donde estamos dejando de cumplir las reglas, leyes y normas que nosotros mismos hemos escrito.

Tenemos una Constitución muy avanzada. Tenemos innumerables leyes y reglamentos, y todos los años creamos más. Pero pareciera que muchas de estas leyes pasan a ser letra muerta. Los motorizados y conductores incumplen las leyes de tránsito frente a los policías que deberían controlarlos. Los bachaqueros venden productos de la cesta básica en todas las salidas del Metro aún cuando eso está prohibido. Los locales comerciales de todo tipo venden productos a precios que equivalen a decenas de salarios mensuales de un trabajador. Y se burlan de nosotros mismos poniéndole una etiqueta de ”Precio Justo”. Los compradores callejeros de oro y dólares son ilegales, pero ejercen su oficio en toda la puerta del Palacio Federal Legislativo, sede de la Asamblea Nacional. Los malandros que roban cadenas van adonde ellos y les venden la mercancía, todo esto a 50 metros del recinto donde se hacen las leyes del país.

Contrabando de extracción. Contrabando de extracción.

Total, que uno percibe que las personas que rompen e incumplen las reglas son las que les va mejor: los raspacupos y bachaqueros ganan impresionantes cantidades de dinero que les permiten viajar, comprarse aparatos y darse lujos a costa de romper todas las reglas que el gobierno intenta poner para limitar sus actividades. Quienes cumplimos las reglas terminamos ganando apenas algo más sobre el sueldo mínimo, vivimos arrimaos con nuestros padres, sin capacidad económica ni para comprarnos un par de zapatos, o un celular básico. Quienes rompen las reglas ganan cientos de miles de bolívares, viajan a todos lados, compran carros, apartamentos y electrodomésticos a través de gestores a quienes recompensan bien por sus servicios, y casi siempre les va muy bien, a pesar de que no son otra cosa sino sanguijuelas que viven de robarle al Estado.

Pocas veces los que rompen las reglas terminan sancionados, y es más: a veces el gobierno hace operativos para tratar de “atraerlos” y “hacer que se porten bien”, poniendo de lado a quienes siempre han cumplido las reglas. No debe ser fácil para una madre de barrio, que ha perdido hijos y familiares en las guerras entre pandillas, ver que el gobierno se acerca a éstas, a veces acompañados por artistas y celebridades, para ver si entregan las armas y se “portan bien”, en vez de aplicarles la ley como se debe. Una actitud que, lejos de favorecernos, nos cuesta votos porque, en todo caso, el gobierno debería acercarse a las víctimas de la inseguridad, no a sus transgresores.

Esto sin dejar de mencionar medidas que el gobierno ha tomado muchas veces, castigando a culpables e inocentes por igual cuando no ha sabido resolver determinados problemas. Por ejemplo: miles de personas usan sus cupos de viajero y electrónico para cometer irregularidades, pero la medida que se toma para resolver el problema es castigar a todo el mundo, inocentes y culpables por igual, recortando los cupos y poniendo más pasos burocráticos. Acción que, en gran medida, desfavoreció a prácticamente todo aquel que practica una profesión que requiere comprar equipos, aparatos, instrumentos o materias primas disponibles únicamente en el extranjero.

Esto estimula obviamente que más y más personas rompan las reglas. Recientemente algunas figuras del chavismo mediático criticaron con fuerza a Luis Vicente León por decir que cada vez más gente estaba optando por elbachaquerismo como nuevo “oficio”, dadas las impresionantes ganancias que se obtenían. Al margen de las profundas diferencias ideológicas que uno pueda tener con ese señor, ¿no es cierto lo que dijo? Ser bachaquero no requiere tener que estudiar 5 años en una universidad. No tienes que dar cuentas a jefes. No tienes mayores responsabilidades. Ni siquiera tienes que cumplir horario todo el tiempo, o presentarte todos los días a trabajar. Tienes ganancias muy superiores a las que puede tener un agricultor, un técnico, un trabajador de una fábrica o cualquier personas que haga parte de las fuerzas productivas del país. Y lo mejor: Sabes que estás violando innumerables leyes, pero ¡nadie te sanciona!

La Venezuela de la Pantalla Azul.

En un computador, si una aplicación rompe las reglas, el sistema operativo la penaliza y hace que deje de funcionar. Una medida hecha para obligar a los humanos a revisar la aplicación y tomar los correctivos necesarios.

Si una aplicación que rompe las reglas no es penalizada, si la obligas a seguir funcionando con los errores que tiene, podría causar un caos enorme: un cajero automático que entregue menos dinero del solicitado, un semáforo que prenda las luces verdes en todas las direcciones, la válvula automatizada de un oleoducto que se abra más allá de su capacidad, una aplicación de nómina que deposite salarios incorrectos a los trabajadores, etc.

Dispensador automático de CocaCola.

Dispensador automático de CocaCola.

Peor aún: Si una aplicación que rompe las reglas continúa funcionando, podría causar el colapso completo del computador y de todas las otras aplicaciones.

¿Recuerdan Windows 3.1 y Windows 95? Por razones técnicas en las que no profundizaremos, una aplicación que “se portaba mal” podía dañarse no sólo a sí misma, sino sobreescribir los espacios de memoria de otras aplicaciones, dañándolas también. Esto causaba en versiones antiguas de Windows los famosos “errores de pantalla azul”. Como no había forma de evitar, en ese momento, que rompieran dichas reglas, las consecuencias eran catastróficas: el computador completo se guindaba.  Por una sola aplicación que “se portaba mal” y no era sancionada, todo el trabajo que estabas haciendo en las demás aplicaciones se perdía, y tenías que reiniciar tu equipo.

Así siento a esta gran computadora llamada Venezuela en estos momentos: tenemos muchas aplicaciones problemáticas, que van dañando a las demás y amenazan al país completo de sufrir un peligroso error de pantalla azul.

Hoy en día, sistemas operativos basados en Linux, MacOS o las versiones más nuevas de Windows actúan como una especie de superpolicía insobornable y no matraquero, que captura a una aplicación problemática en el momento en el que intenta invadir espacios de memoria de otras aplicaciones, y la extermina sin que dañe a las demás.

En nuestro país, la falta de sanciones ante la ruptura de reglas ha causado gravísimos problemas de inseguridad y delincuencia; corrupción en las empresas privadas y públicas; proliferación del bachaquerismo y el raspacupismo como nuevos oficios; escasez, especulación, largas colas y el desánimo de la población que continúa en los puestos productivos, pero piensa en abandonarlos. Necesitamos que el Estado revolucionario asuma su papel. Que funcione como lo hace Linux: sancionando a quienes no cumplen las reglas, antes de que contaminen a los demás.

Por otro lado: Por favor, entiendan un poco a los chamos informáticos y del software libre que están decepcionados con este proceso. Algunos ingresaron a un ministerio, emocionados para trabajar en un proyecto que les gustaba, con gente honesta y trabajadora. Y al principio les iba bien. Pero de pronto cambiaban al ministro, a su jefe y compañeros de trabajo, y de pronto entraba otro tipo de personas. Ordenaban destruir trabajos y proyectos anteriores, que costaron miles de horas de trabajo, esfuerzo, investigación y pruebas. Muchas veces, su trabajo era sustituido por aplicaciones propietarias, a veces mucho más ineficientes y que no estaban adaptadas para la realidad del país ni de nuestras leyes. Esto, en abierta desobediencia y desacato al Decreto 3.390 firmado por el Presidente Chávez, o a la Ley de Infogobierno aprobada durante el gobierno de Nicolás Maduro.

Soborno Soborno

Y pronto conocías que la aplicación se compró porque el vendedor le ofreció jugosas comisiones al Director de Compras o de Informática. O, peor aún: se te acerca tu jefe y te ordena alterar bases de datos y borrar registros, para encubrir actos de corrupción. Y no te queda otra… no puedes renunciar porque tienes una familia que mantener, no puedes denunciarlos porque tu vida podría correr riesgo. No te queda otra sino hacerlo.

Y coño, los informáticos son informáticos… no políticos. Las y los chamos se decepcionan, luego viene una transnacional que les ofrece (aquí o en el exterior) un sueldo mucho mejor, y se van. Y perdemos gente valiosísima desde el punto de vista técnico y de investigación, con un gran conocimiento de cómo funciona el Estado y sus sistemas. Pero vamos llenando el Estado de corruptos que sólo saben comprar cosas carísimas para que les paguen comisión.

Con esto, no estoy generalizando ni diciendo que chavismo es sinónimo de corrupción. Creo que la mayoría de los líderes chavistas son honestos y trabajadores, pero muchos no lo son. Incluso a algún líder honesto se le puede colear algún funcionario en su grupo de confianza que sea corrupto. Y tienen que salir de ellos, ¡ya basta de hacernos los locos, de decir que esto no es nuestro problema y mirar para otro lado!
Por otro lado, tenemos una Ley de Infogobierno que las comunidades de software libre de otros países envidiarían, pero que casi todos los ministerios venezolanos evaden. Y lo peor es que la gente se siente revolucionaria y subversiva evadiéndola; van e instalan un Photoshop crackeado y se sienten como el Che Guevara. Y se justifican diciendo: “sí, yo sé que es malo e ilegal usarlo en el Estado, pero total, esto es un quemaíto, yo no le estoy dando plata a las transnacionales”. No entienden el meollo del problema.

Uruguay y Tabare Vázquez.

Peor aún: tenemos miedo de que empiecen a repetirse errores del pasado. En un mensaje reciente escrito por un amigo en Facebook, se daba a conocer la reciente captura de una banda en España que había logrado que 20 mil personas “rasparan” su cupo de dólares. Allí se formó un debate interesante con varios camaradas, que resaltaban lo bueno de esta captura, pero también señalaban que estos 20 mil raspacupos lograron robarle al país, a lo sumo, unos 60 millones de dólares (20 mil personas x 3 mil dólares). Una cantidad que al principio nos parece enorme, pero que palidece comparada con otros escándalos que quienes vivimos en el mundo del software libre hemos conocido de cerca.

Por ejemplo, el convenio que Venezuela firmó con Uruguay en 2007, también por unos 60 millones de dólares, en los que una empresa del hijo de Tabaré Vázquez se comprometía a vender a Venezuela un software privativo llamado Genexus, del cual se anunció inicialmente que serviría para generar todo el software libre que necesitaba el Estado. Esto era tan tan bochornoso e ilógico, como pedirle a Monsanto que ponga a producir AgroPatria, pedirle a McDonald’s que genere las políticas del Instituto Nacional de Nutrición, colocar a Coca Cola a distribuir agua potable o designar a Lorenzo Mendoza en el Ministerio de Alimentación. Al final, todo ese esfuerzo y dinero se perdió. No hubo presos, no hubo destituciones, ni siquiera inhabilitaciones administrativas. En todo caso, el castigo fue para los que denunciaron el asunto por Aporrea y otros lugares, que son tachados de ultrosos y conflictivos hasta el día de hoy.

Con bastante bochorno, nos enteramos que hace unos días nuevos actores del gobierno venezolano volvió a firmar convenios tecnológicos con este nuevo gobierno de Tabaré Vázquez, aunque los términos no se han dado a conocer. Exhortamos al camarada y ministro Rodolfo Marco Torres a recordar que en Venezuela existe una Ley de Infogobierno que exige el uso de software libre en toda la plataforma tecnológica del Estado venezolano, y que cualquier convenio que se firme con la República Oriental de Uruguay tiene que tener esto en cuenta.

Así como ese, durante estos años nos hemos enterado de otros casos, como las cédulas electrónicas o los famosos 25 mil millones de dólares que se llevaron las empresas de maletín. O los gastos en aplicaciones propietarias excesivamente costosas, como Oracle, SAP y similares, que son en estos momentos las columnas vertebrales de importantes instituciones como Pdvsa, Corpoelec o el Saime.

Cumplir las reglas y sancionar a quien no lo haga.

En fin: Necesitamos acabar con esta impunidad. Necesitamos transparencia, necesitamos facilitar las denuncias, necesitamos actuaciones contundentes del Ministerio Público, la Contraloría, los cuerpos de inteligencia y los tribunales. Necesitamos que se haga entender a los bachaqueros que tienen que cumplir las reglas y buscar empleos formales y productivos, y a los empresarios, dueños de tiendas y de cadenas, que el romper las reglas tendrá severísimas consecuencias. Lo mismo tiene que hacerse en los ministerios.
Es cierto que parte de los problemas que vivimos son causados por factores externos con los que el gobierno bolivariano tiene que lidiar: Por un lado, la caída de los precios del petróleo es un factor que nadie hubiera podido prever. Además, la muerte del Comandante Chávez envalentonó a la derecha venezolana e internacional, que dice que “ahora o nunca” es el momento de restearse para acabar con el chavismo. Nadie puede negar el protagonismo de estos grupos en los sabotajes económicos, contrabando, especulación, en la propia corrupción dentro del Estado y otros problemas.
Pero también hay que entender que, si se hubiera enfrentado estos problemas con severidad, castigando a los que incumplen las leyes y robusteciéndolas de ser necesario, muchos de estos neogolpistas y corruptos se hubieran replegado y no estarían jugando a sabotear la economía venezolana, a contrabandear productos alimenticios o a sonreírle a Maduro en Miraflores para ver si le afloja unos dolaritos, para luego revenderlos en el mercado negro.
Sí, sé lo que muchos deben estar pensando: que somos tecnócratas que vivimos encapsulados en nuestro propio mundo, en una oficina llena de servidores, que no entendemos los problemas de Venezuela, que hay personas en sectores populares con necesidades gravísimas. Lo sé. Y es tal vez esa la razón por la que muchos continuamos apoyando a este gobierno: porque sabemos que otras personas, para nada vinculadas con las decisiones económicas, están echándole pichón en los barrios, en las aldeas, en sitios remotos ayudando a las personas en extrema pobreza, produciendo y dando el ejemplo. Seguimos con este gobierno, con este proceso revolucionario por ellos, gracias a ellos y trabajando con ellos. Porque si fuera por quienes han tomado las decisiones económicas, científicas, tecnológicas o por quienes deberían velar por el cumplimiento de las leyes, de seguro que no estaríamos aquí.  Simplemente no estaríamos en ningún lado.
Al final, una de las razones por las que uno sigue apoyando al proceso es porque uno sabe que la derecha hará las cosas aún peor, y estamos viendo las evidencias “en vivo y directo” en países como España o Grecia. Y coño, es terrible, es agotador, es a veces hasta frustrante estar peleando con todo el mundo: pelear con los caprilistas, con los leopoldistas y los guarimberos que quieren hundir el país aún más, desconociendo los logros en la lucha contra la pobreza que han habido en 15 años de gobierno bolivariano. Pero pelear en este lado con los choros con corbata que existen en los entes públicos y quieren comprar SAP y Oracle porque les ofrecen grandes comisiones. Pelear con los bachaqueros. Pelear con los dueños de los abastos y supermercados. Pelear con el Sundde, que pareciera que no hace nada. Pelear con los camaradas que están deprimidos o molestos, y quieren abandonarnos e irse. Pelear con Marea Socialista y otros camaradas de izquierda, que parecieran no entender el momento histórico. Pelear con VTV porque el canal se ha convertido en una repetidera de consignas que no permite el debate ni el surgimiento de nuevas ideas, y que a veces hasta se convierte en un showcase de productos de las transnacionales contra quienes luchamos. Pelear con el sistema de medios públicos, que olímpicamente ignoró la muerte del amigo y camarada José Luis Rey. Pelear con los camaradas que creen que hacer revolución es repetir consignas y gritarlas durísimo. Que creen que denunciar los problemas es deslealtad. Que creen que las personas que tienen que estar en los puestos claves son las que dicen “¡Sí señor, como usted ordene!” y no las que dicen “Camarada, creo que eso no funcionará, aquí le explico por qué y le presento una alternativa”.
Esas cosas están muy alejadas del debate sobre si el sistema económico debe ser el capitalismo o el socialismo. Porque, hasta donde sé, la Unión Soviética funcionó muy bien en lo productivo. Allá se acataban las reglas, se sancionaba fuertemente su violación y el delincuente era tratado con severidad. El “socialismo real” tenía muchos defectos y problemas que no queremos copiar, pero ese tipo de cosas sí deberíamos imitarlas.

Todos estamos dispuestos a seguir trabajando duramente en pro del proceso revolucionario, con el fin de acabar con la pobreza y la desigualdad, que no es un sueño sólo de Hugo Chávez o de Nicolás Maduro, sino de todos y cada uno de nosotros. Pero necesitamos un cambio radical en el gobierno bolivariano para lograrlo. Son cambios que no dependen de nosotros, sino de ustedes. Esperamos que den el paso adelante.