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Roberto Hernández Montoya con su Canaimita

“Castigar al pueblo” por: Roberto Hernández Montoya.

Tomado de http://www.aporrea.org/oposicion/a224460.html

Los colores y resaltados son de mi parte para recalcar ideas.


Continuamente y sin clemencia. Y apenas se pone cómico hay que endurecer el castigo, para que no siga votando por Chávez, por Correa, por Lula, por Daniel, por Mel, por Lugo, por Evo, por el Pepe, por los Kirchner.

Hay que diversificar los escarmientos. En tiempos de sumisión hay que someterlo a penas agobiantes, que lo mantengan apabullado, resignado, aturdido, desmoralizado, desesperanzado. Pero es normal que sus condiciones de vida, hay días, lo apremien a rebelarse y entonces le da por soberanía, democracia de verdad, control de medios de producción y demás peligros. Hay entonces que endurecer los maltratos, empezando por el simbólico: convencerlo de su escaso valor humano, humillarlo diciéndole que solo merece ser gobernado por Capriles o por Rosales. Pero cuando esa convicción falla y Chávez le infunde autoestima, hay que denigrarle a sus héroes, heroínas, dirigentes, capitanes. Hay que persuadirlo de que sus países son una basura sin remedio. Que basta que algo sea venezolano para que sea barato, chapucero, precario, vergonzoso, niche, chimbo, balurdo, feo, chambón, tierrúo, ridículo, conuquero, chaburro, maburro, fu.

Pero siempre hay vivillos que no se tragan la píldora ideológica, religiosa, televisiva y lo peor es que pueden llegar a ser mayoría. Para ellos hay cumbres de tortura, dictaduras, traiciones adecas, represión, prisiones, exilios, desapariciones y asesinatos mondos y lirondos. Pero eso tiende a afectar solo a su vanguardia, a Danilo, a Serra, a Durán, a…

A veces es necesario represaliarlo entero. Rutinariamente se le mantiene sometido a escasez, carestía, pobreza, ahogo. Pero en ocasiones extremas de rebelión popular es necesario endurecer todo eso. Inducir escasez a través de acaparamiento, contrabando de extracción, especulación, captando para ello al pueblo mismo. Funciona de lo más bien porque no hace falta todo el pueblo, basta seducir a pequeños grupos de baja moral, el Lumpenproletariat, por ejemplo, a funcionarios, ponle. Pero no solo lumpen sino también sectores menos precarios, a la que se autocalifica de clase media. Es cuando se llega a la pena perfecta: cuando parte del pueblo se autocastiga votando por sus verdugos y culpando del castigo a los líderes de su rosal principal.


Mao Zedong y los pequeño-burgueses.

Mao Zedong y los pequeño-burgueses.

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Roberto Hernández Montoya con su Canaimita

“Los barbarazos” por Roberto Hernández Montoya.

“Y el queso que había en la mesa también se lo comió” así sonaba la canción “el barbarazo” que hizo famoso a Wilfrido Vargas en Venezuela por allá en 1980, sólo que en esta oportunidad debemos cambiar el estribillo “eso le pasa al que lleva ENEMIGOS a su casa” (refiriéndome a los infilitrados en la administración pública, pero no para iniciar “cacería de brujas” porque recordemos la fábula del alacrán y la rana: “es su naturaleza”). Así toma “emprestado” Roberto Hernández Montoya para titular su artículo en aporrea.org y lo que captó mi atención para leer el artículo. Lo que me obliga a “rebloguearlo” -y es lo que yo también me pregunto- ¿QUIÉN OBLIGÓ A “LOQUILLO” A CERRAR LA BOCA? (Misterios de la ciencia como dice el Profesor Lupa).


Los barbarazos.

Roberto Hernández Montoya.

Un solo poder público no puede anular los otros cuatro. Es principio constitucional. Tener mayoría calificada en la Asamblea Nacional no es tener el poder absoluto (el que según Lord Acton corrompe absolutamente), en un nuevo Absolutismo. Dicen que Luis XIV dijo «el Estado soy yo». No puede decir eso mismo la Asamblea Nacional. Así lo aclaró el doctor Hermann Escarrá.

Pero así piensa la oposición, que a partir del 5 de enero tendrán la varita mágica que succiona todo, como un abismo negro. Podrán realizar el sueño de Carmona: como según los golpistas de 2002, Chávez había usurpado todos los poderes, se los dieron todos a Carmona. Son esperpénticos. Insisto: son una parranda de monigotes cuya función primordial es hacer el ridículo.

En las primeras horas Henry Ramos Allup estalló como esos perros que recorren la casa como locos después de que los tuvieron atados durante horas. Con el perdón de los perros. Se desató en su rutinaria orgía verbal. Y el queso que había en la mesa también se lo comió. Alguien lo mandó a callar y sería provechoso saber quién porque ahí está la clave de quien pretende mandar ahora en Venezuela.

El único Trump no fue Ramos. Fedecámaras y Consecomercio pasaron su factura, exigiendo abolir las leyes que protegen el trabajo, el salario, privatizar todo, etc. Soltar a los forajidos políticos para que sigan picando gente en pedacitos con cuchillos de pan, guayas, francotiradores y demás salidas.

Pensé que luego del hazmerreír de los barriles de petróleo reciclados, la señora Delsa Solórzano iba a ocupar una posición recatada. Pero más bien la han exaltado como una de las candidaturas a presidir la Asamblea, nada menos. No conocen la vergüenza. Seguro promoverá la abolición de la Ley de Murphy, que tanto daño hace. Ojalá.

Van enfilados al choque de trenes, engolosinados con el buen resultado electoral de la guerra económica. Previsiblemente la arreciarán con miras al revocatorio presidencial.

Afortunadamente tenemos un tráiler: la administración de Macri en sus primeros nueve días. Como el tiburón, vienen virados. El pueblo organizado, consciente y armado los esperará en la bajadita porque todo 11 tiene su 13. No soy yo quien promueve la rebelión sino estos barbarazos gobernados por la Embajada.