Licenciado en Computación Luigino Bracci Roa "Lubrio"

Acabo de vivir un poco de experiencias que superan fácilmente los planos secuencia de Hijos de los Hombres

Corto relato de las peripecias de Luigino Bracci Roa para llegar a su labor de trabajo en la ciudad de Caracas, Venezuela.

Entramos al tren del Metro de Caracas a las 11.10 am, duramos más de 30 minutos allí esperando por qué adelante había otro tren con fallas, a las 11.40 am nos desalojan también del tren.

Acabo de vivir un poco de experiencias que superan fácilmente los planos secuencia de Hijos de los Hombres 😞

El asunto fue así: tras desalojarnos del tren a las 11:40 am, yo estaba preocupado por una reunión a la que tenía que asistir, así que salí de Los Dos Caminos a la Av. Francisco de Miranda a tratar de agarrar camioneta.

Obviamente, había un megagentío desalojados del tren, tratando de agarrarla. Llegó una camioneta que iba a El Silencio con las dos puertas abiertas, yo con mi bolsito y una bolsa con herramientas intento agarrarla y digamos que una avalancha de gente me empujó…

…Y de pronto me vi dentro de la camioneta, en la salida de atrás, todo apretujado junto a las personas que iban guindadas en la puerta. Avanzamos un poco; cuando la camioneta pasa por la parte de atrás del gimnasio Papa Carrillo dos muchachas empiezan a gritar:

«¡Déjenos en la parada del parque Miranda!». El chofer se confunde (porque el parque Miranda es como llaman al gimnasio, pero las muchachas querían ir al Parque del Este Francisco de Miranda 🙄).

Se para allí en el gimnasio. Los que estamos en la puerta nos bajamos para que las muchachas salgan, las muchachas gritan a lo malandro que siga porque no era allí, nos volvemos a subir y el tipo continúa adelante, con la gente arrecha.

Se para 100 metros antes del Parque del Este, y el chofer grita que se bajen allí porque no se va a parar en el parque. Los que estamos en la puerta tenemos la duda de si bajarnos o no porque las muchachas no se paran, hasta que al fin se deciden y se levantan.

Ambas unas chamitas de no más de 20 años, cada una llevando un bebé de uno o dos años. Además, una de ellas con una bolsa llena de ropa. Nos bajamos para hacerle espacio, se bajan como pueden, algunos pasajeros le ayudan con la bolsa, y el avance esperando abajo para cobrarles.

Finalmente nos subimos de nuevo, el chofer se para en Parque del Este a recoger más gente, y la gente arrecha gritando: «¿No es que no te ibas a parar?». El avance monta a juro a una muchacha con su niña de 4 años en la puerta de atrás, todos haciéndole espacio de mala gana…

…pero la chama se quiso subir a pesar de las incomodidades. Una pasajera se ofreció para que la niña se siente en sus piernas, pero quedó lejos de la mamá, quien se sintió incómoda de no poder ver a su hija, y todos tuvimos que abrirle paso a la madre para que pase. Qué peo.

Así seguimos por Altamira, parándose la camioneta cada 100 metros, todos bajándonos y subiendo para que alguien baje o suba. Era casi mediodía, estábamos todos atestados, el calor estaba insoportable y el avance quería meter más gente en la atestada camioneta.

Llegamos a Chacao, yo comenzaba a sentirme mal y de pana que no me imaginaba seguir viviendo esos trajines de aquí a El Silencio, sabía que me iba a dar alguna vaina. Así que en Chacao me bajé, le pagué al avance e iba a ver qué hacer, si seguía, esperaba o me devolvía a casa.

Me metí en la estación del Metro de Chacao a ver si habían resuelto algo y, en efecto, habían activado una vía única temporal que en ese momento estaba funcionando hasta Propatria. Así que me subí en el tren y ni modo, ya me sentía mejor, así que vayamos al trabajo.

El viaje transcurrió sin muchos sobresaltos, pero el vagón, que en principio no llevaba tanta gente, se fue atestando a medida que avanzábamos. Al llegar a La Hoyada, se monta un gentío y ocurre un altercado en la puerta entre una viejita de 70 años y un chamo como de 18.

Se insultan ambos un rato largo:
-Marico, muchacho pendejo -le dice la señora
-Abusadora, no me empuje, quédese quieta -dise el muchacho
-Marico, deja de meterte con una anciana, yto sí te zampo, viejita y todo
-Señora, quédese quieta, yo no voy a pelear con usted, cállese…

Así duraron todo el tramo hasta Capitolio, donde nos bajamos todos… un gentío impresionante.

En Capitolio estaban cerradas las salidas hacia Padre Sierra; sólo estaban abiertas las de la Av Baralt, y parecíamos una procesión de gente caminando, tratando de salir. De pronto, por los parlantes del Metro llamaban a la Guardia Nacional a acudir a una de las salidas

A lo lejos se escuchaban una gritería. Resulta que a un chamo le robaron el celular, pero una viejita vio al ladrón, le dijo al chamo y él persiguió al choro. Al final la gente lo agarró, la Guardia llegó, la viejita y el chamo lo señalaron y el tipo le devolvió el celular.

Un final feliz, aunque no ví qué pasó con el choro porque la procesión de gente me llevaba arrastrado. Así finalmente llegué a mi trabajo.

A ver Alfonso Cuarón, haz un plano secuencia con toda esta verga de relato que viví hoy… ¡te reto! 🤣

¿Ya ven por qué no me he ido a vivir a Suiza? Me moriría de aburrimiento🤣

Entenderán que, cuando nos convoquen a trabajar presencialmente todos los días, y si se me hace imposible negociar otra cosa, ese día entrego la renuncia.

Me encanta mi trabajo, pero vivir estas experiencias con el Metro y el transporte público a diario es algo que simplemente no puedo soportar.

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