«La ley de espera y quita», editorial de 15yúltimo.com

Este artículo salió publicado en 15yultimo.com y sinceramente desconocía la existencia de dichas leyes y sobre cómo en toda nuestra historia republicana no hemos avanzado mucho que digamos.


El 5 de mayo de 1841, el Congreso de la entonces República Oligárquica presidida por José Antonio Páez en su alianza con los “mercachifles y canastilleros con ínfulas” (Laureano Vallenilla Lanz dixit) que entre otras cosas acabó con La Gran Colombia, aprobó una ley tristemente celebre en la historia venezolana: la de Espera y Quita.

La ley de Espera y Quita, en realidad, era una modificación de la ultraliberal Ley de Libertad de Contratos aprobada por ese mismo Congreso en 1834. Siendo que la primera venía, supuestamente, a regular las draconianas condiciones a los cuales los usureros prestamistas sometían a los deudores.

Se le conoce como Ley de Espera y Quita porque justo regulaba lo concerniente al procedimiento “prestar, esperar y quitar”, que era lo que hacían los usureros: ante una población empobrecida por el costo de la guerra y la rapiña de los comerciantes criollos y foráneos, prestaban dinero a altas tasas de interés, prestamos que, en su mayoría, no podían ser pagados, por lo cual después de “prestar” solo se sentaban a “esperar” la “quita” de propiedades (tierras, casas, etc.) mediante los embargos que necesariamente acaecían ante la mora.

Para no entrar en detalles históricos muy importantes pero largos de contar, tomemos en cuenta solo lo siguiente: tanto la ley de libertad de contratos de 1834, como la de espera y quita de 1841, son en buena medida las culpables de cinco grandes males de la economía nacional y del país en cuanto tal: en primer lugar, favorecieron el latifundio y la concentración de tierras en pocas manos; segundo, desestimularon la agricultura, pues el latifundio y la concentración propició el ocio de la tierra; tercero, ahondaron aún más pobreza y el éxodo campesino; cuarto, impulsaron la violencia social y política, siendo que todas las guerras civiles que se desataron desde entonces –incluyendo la sangrienta Guerra Federal- estuvieron  motivadas por los conflictos por tenencia de la tierra; y quinto, estimularon el desarrollo atrofiado de una burguesía mercanchifle, usurera e improductiva, que es de hecho el germen de la actual.

Todo esto viene a cuento a propósito de la célebre intervención de Arístides Maza Tirado, presidente de la Asociación Bancaria de Venezuela, solicitando al presidente de la República el aumento de las tasas de interés pues, de otra manera, “el negocio de la banca no es rentable”

En primer lugar es poco menos que increíble que Maza Tirado (un economista egresado de la UCV, militante de la izquierda en sus años mozos –estuvo en el MIR- pero después convertido en banquero –preside desde 1982 el Banco Caroní- y que hasta presidente de CONSECOMERCIO fue en la época de Lusinchi y Recadi), sostenga que el negocio de la banca en Venezuela no es rentable. Y decimos que es increíble no porque él lo diga, sino porque nada menos que el FMI dice todo lo contrario.

En efecto, si tomamos como válida la base de datos del FMI, en los dos indicadores básicos para la medición de la rentabilidad de las instituciones financieras: el ROA (Return on Assts o Rentabilidad sobre el Activo), que mide la capacidad de los activos del banco para generar beneficios, y el ROE (Return on Equity o Rentabilidad sobre Patrimonio Neto) que mide los rendimientos o rentabilidad financiera que tienen los inversionistas (dividendos más reservas), resulta bastante notorio que la banca venezolana puede que sea las más rentables del mundo.

Esto es algo que ya se ha advertido con anterioridad, aquí mismo en 15yultimo.com en una editorial de hace casi dos años a propósito de un anuncio del cierre de los cajeros electrónicos de la banca privada por “carecer de recursos para su mantenimiento”. Y  en el blog surversion en 2014, cuando se eliminó el ajuste por inflación para la banca y las asesguradoras.

Ahora, quien se tome la molestia de revisar la data del FMI encontrará que los indicadores de nuestro país no salen reflejados, lo que se debe a que al menos desde 2015 la autoridad monetaria y de estadísticas no los remite. Pero lo que si se puede hacer es comparar el de todos los países registrados con el ROE y RAE que arroja el portal venezolano Banca y Negocios, quien suele ser un medio de vocería para-oficial del sector. En un informe publicado en enero de de este año, se observa claramente que el ROE y el RAE de los bancos venezolanos supera con creces el promedio de los del resto del mundo. De hecho, según ese mismo medio, la rentabilidad a noviembre de 2017 ya era 54% más que la de 2016.

Es decir, no solo ganan y mucho pese a la hiperinflación y contracción de la economía: lo hacen gracias a ella.

Pero dejando de lado ese detallito, debe señalarse otra cosa: más que increíble, la petición de Maza Tirado resulta en el actual contexto hiperinflacionario criminal en grado sumo.

Y es que como todo el mundo sabe en este país, menos al parecer quienes dirigen el ente que debe regular al sector, la banca venezolana ha estado metida de cabeza desde el principio en los ataques contra la economía nacional, la fuga de capitales, el contrabando de efectivo y el mercado negro de divisas. De por sí, nada de lo que ha pasado en estos terrenos sería posible sin la colaboración activa y pasiva de la banca.

Pues bien, luego de haber alimentado y hecho crecer el mercado especulativo haciéndonos perder a todos el poder adquisitivo y los ahorros, la banca pasó a endeudarnos a través de la ampliación alegre de los límites de las tarjetas de crédito y la promoción indiscriminada de múltiples instrumentos financieros, solo para venirnos ahora con el cuento de que eso no es rentable y exigir el aumento de las tasas de interés. De aceptarse esto, lo que ocurrirá en consecuencia es un aumento de la mora y un quiebre generalizado de quienes usaron dichos créditos como una forma de sobrevivencia frente al tsunami hiperespeculativo de precios, con lo que entraremos de lleno en una reedición en el siglo XXI de los acontecimientos que desencadenó la ley de espera y quita en el XIX:

Los bancos más poderosos y sin escrúpulos, procederán a ejecutar hipotecas y garantías quitándole a los usuarios morosos propiedades que hayan acumulado. Los menos poderosos o con escrúpulos -en sentido pleno los bancos públicos, irresponsablemente envueltos también en esta política expansiva de crédito improductivo, pero que pueden verse frenados por razones políticas y humanitarias a dejar a la gente en la calle o quitarle sus bienes- muy probablemente quebrarán, lo que además de provocar una corrida bancaria los hará proclive a una privatización “salvadora”, propiciada seguramente por la Asociación Bancaria en el ánimo de “hacer Patria”.

Por si esto fuera poco, no está demás recordar que el aumento de las tasas de interés también implica encarecer el crédito productivo, lo que no solo disparará aún más los precios sino que convertirá en extremo frustrante cualquier proyecto de recuperación de la economía nacional. A su vez, debe considerarse que provocará una contracción mayor del consumo. Claro que cualquier ortodoxo dirá que esto es justo lo que hace falta para acabar con la hiperinflación. Y bueno, es radicalmente cierto eso: sino hay quien compre no habrá más inflación, exactamente de la misma manera como si se muere el paciente la enfermedad que lo aquejaba deja de ser problema.


 

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